Capítulo 2. Capitán Un Saludo.

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Tragué saliva nada más ver la posdata. Surina me miró de refilón.

- Bueno, ya sabemos de quién es la tercera carta.- Dedujo Surina, intentando no meter demasiada prisa en revelar su contenido.

- ¿Qué debería hacer?- Pregunté, sin ser capaz de sacar la carta del bolso. Claro que quería verle. No había podido olvidarle, pero también recordaba todo lo que había pasado, y que me había puesto en peligro.

- Estamos fuera de la legislación de Elaika. Ya lo sabes.

- Pero eso no quita que no vaya a dolerme que venga.

- Va a venir igualmente. Cielo, quieres verle y lo sabes. Te oigo llamarle en sueños.

Mejor no mencionar esos sueños. A veces me sentía algo avergonzada por ellos. Intenté sacarme ese pensamiento de la cabeza, mientras caminaba con Surina hacia alguna cafetería.

- La verdad es que me apetece comer fuera de casa, ¿a ti?

- Un poco también.- Admití. Aunque tampoco tenía demasiado apetito. Esa carta me había partido por la mitad.

Nos sentamos en una terraza, aprovechando el buen tiempo, y pedimos el menú. Surina entonces se apoyó sobre los codos, mirándome, inquiriéndome.

- No quiero abrir la carta ahora, Surina.

- Daimen siempre quiso protegerte. ¿sabes? Él no quería hacerte daño. Te protegió.

- Pero luego me dijo que huyera.

- Por tu bien. ¿No crees que merece una oportunidad?

Hice una pausa, bebiendo un poco de agua.

- Creo que ya se la di. Y me persiguió, continuamente. Se detuvo durante un tiempo, y luego…

- Te fuiste, no sabes qué pasó. Dale una oportunidad y lee la carta.

Suspiré y negué.

- No de momento, en serio.

- Jo, está bien.- Surina se acabó el agua y oteó el horizonte.- Mira, ahí están mis compañeros de teatro. Como con ellos, ¿vale?

Me mordí el labio inferior. Nadie me leía la mente como Surina.

- Gracias por entenderlo.

- ¿Para qué están las amigas si no?- Dijo, dejando el dinero de la comida sobre la mesa. Y eso que aún nos quedaba un plato.

Comí despacio, la verdad es que poco a poco me volvía el apetito, sobre todo por el sabor fresco de la comida. Saboreé cada mordisco hasta que ya no quedó más, y, entonces, fui a dar un paseo.

Uno de los parques de la ciudad quedaba a la misma altura que el puerto. Los dirigibles empezaban a aterrizar, y poco a poco, la gente se iba reencontrando con familia y amigos que hacía tiempo que no veían.

“Tengo que leer la carta” pensé, súbitamente. Sí, Daimen había sido muchas cosas durante mi presencia en el Lhanda. Había sido un idiota en muchos casos, y no se había comportado como debía en otros. Pero yo seguramente también había tenido errores.

Y, siendo sincera, mi cuerpo necesitaba verle. Abrí el bolso, casi bruscamente, y abrí la carta.

Querida Clarya.

Espero no molestarte con esta carta. Hace mucho que no sé nada de ti. ¿Qué tal estás? Siempre me contaste que Aiceva había sido uno de los lugares en los que pensaste hospedarte. Seguro que tus planes salieron bien, además, Luke me contó que tu hermano estaba con vosotras también.

EFdL AU. El pájaro que escapó.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora