Recuerdo como si fuera ayer aquella primera vez que me cogió de las manos, abrazados junto a la pared viendo aquella procesión que no quería que acabara. Y por mala suerte la mía tendría que irme en breves, ahí comprendí eso de que todo lo bueno se acaba.
Estábamos más unidos, aún con esas discusiones nuestras.
Me enamoró no sé cómo, pero lo hizo.
Me encantaba estar con él, deseaba que llegara el fin de semana para poder verle.
Poco a poco le quería más, era muy raro todo, pero me encantaba.
