2

3.8K 405 249
                                        

Ese dia fue uno de los mas raros.

Comenzando con esto.

—¡Vamos Dipper! ¡Tu cita es hoy! ¡¿No querrás dejar a mi cuñado esperando?!— Exclamó gritando y saltando encima de mi cama.

—¡No es tu cuñado!— Grite a todo pulmón, lo suficiente para que se escuchara en todo GF.

—Ok...¡Es tu novio!— Me señalo acusadoramente y salió corriendo hacia las escaleras.

Me quejé un poco entre dientes. Pero hoy es el dia. Donde, Yo, Dipper Pines. Salgo con un demonio que trata de conquistar nuestra dimensión. Muy normal. Fui a ducharme tranquilamente, pero cuando salí... comenzó la verdadera odisea.

—¿Chicas?... ¿Que hacen en mi habitación?— Pregunté con la toalla en la cintura. Afirmandola firmemente con la mano derecha.

—¿No es obvio,Dipper? ¡Te queremos ayudar en tu cita!— Mabel exclamó entusiasmada.

—Sip... es una gran paso para ti...¿No?... Digo... Salir con un chico— Wendy hablaba nerviosa.

No se lo que realmente pasó allí, pero se que Mabel no me dejaba ponerme lo que yo quería. Al final baje con unos Jeans azul claros, ceñidos a mis piernas, converse rojas, una camisa a cuadros (también ceñida a mi cuerpo) , junto con unos cuantos brazaletes masculinos (recomendados por Wendy).

—Wow...— Soos me dirigió la mirada y abrió los ojos como plato.

—¿Que?— Pregunte un poco enfadado.

—Dipper...WOW— Tio Ford tambien me quedo mirando con los ojos abiertos.

—¡Vaya! Después de todo tiene un cuerpo de hombre ¿no?— Stan me miraba de pies a cabeza, como si me tratara de un especimen raro.

—¿Qué quieres decir con eso?— Pregunte aun mas enfadado.

—Quiero decir que...— Ford me iba a hablar pero de un momento a otro se paralizó.

El reloj de la cabaña, ya no se movía, al igual que mi familia.

—Siempre tengo la razón...— Una voz masculina resonó en la cabaña.

—¿Bill?— Pregunte aun dudoso.

—¿Quien más, Pino?— Una vez que dijo esto apareció con su símbolo en el piso. Un chico rubio, adolescente. Pero ahora más juvenil. con una camisa amarilla, con una chaqueta negra y pantalones negros ajustados y converse amarillas. Su cabello tapaba un ojo, pero eso lo hacia ver mas lindo.

—¿Con qué crees que soy lindo?— Hablo burlescamente.

—¡N-no! ... No... Digo ¡no leas mis pensamientos!— Grite mientras me ponía rojo como un tomate.

Escuche su risa. No era una burlesca. Era una nerviosa.

—¡Bien! Es hora de comenzar nuestra cita...— Hablo feliz.

—¡Pero...— trate de excusarme.

—Nada de peros... ¡Vamos a mi dimensión!— Cuando dijo eso, chasqueo sus dedos y se abrió un portal en la pared.

—Pero... ¡¿Que dirá Mabel al no encontrarme?!— Dije mientras señalaba a mi hermana. Que estaba petrificada.

—tsk... Les deje una nota en la cocina— Hablo algo enojado.

Pero cuando iba a responder, sentí como sus dedos se entrelazaron con los míos y yo no hacía nada para evitarlo. Al poco tiempo de eso, me jalo a un lugar llenos de colores, que poco a poco revelaban una ciudad. París.

¿Pero qué hacemos en París?

—Bueno... No quiero que olvides tu primera cita— Hablo mientras caminábamos, aun de la mano.

—¿Como sabes eso?— Pregunté poniéndome más rojo.

—Hablas mientras duermes— Me guiño un ojo. —También se que fui tu primer beso "voluntario"

Mi cara se puso más roja. Todas los besos que había recibido, eran robados, por chicos o chicas. Pero los chicos lo hacían más seguido que nunca.

—Mmm... Así que... Los hombres te prefieren.— Me tomo de mi cintura, mientras me acercaba bruscamente. —Dime...¿Cuántos fueron los que te besaron?— Me dijo cerca de mi cara.

—2...28 creo...-—Baje mi vista debido a la cercanía que teníamos.

—Bien... Entonces te besaré 28 veces, en frente de esta estúpida torre francesa.

Y comenzó. Cada beso era diferente. Algunos dulces, otros apasionados, salvajes, pero ninguno era igual. Yo al principio me negué a corresponder el beso. Pero ¿A quien engaño?, me gustan sus besos.

Después de aquella sesión ,me tomo de mi mano y caminamos a una cafetería. Cuando nos sentamos y ordenamos, algo me perturbaba.

—¿Bill?—Pregunte nervioso.

—¿mmm?— Trato de hablar con la boca llena de pastel.

—2 cosas... ¿Desde cuándo te gusto?— Pregunte mas nervioso, moviendo mi taza de chocolate.

—Gustar en una palabra ambigua. Yo me enamore de ti. De tu manera de sacarme de mis casillas y la forma de descubrir cada cosa que se ponía en tu camino.— Respondió seguro de su respuesta. —¿Y Que es la otras cosa?—

—¿Porque que no hay nadie en París? Digo... Estamos solo nosotros y el mayordomo.— Señala al señor que estaba limpiando algunas mesas.

—Porque esta es mi dimensión. Yo la cree y yo la domino.—Me respondió.

Después de esa comida. Caminamos por los alrededores. Hasta que la torre se encendió con sus hermosas luces.

—Fue... Increíble esta tarde... Bill— Hable nervioso.

—Y se puede repetir...— De la nada, me abrazo. —te extrañe tanto, pino.—

Sonreí inconscientemente y correspondí su cálido abrazo.

—Y-yo t-tam-mbien...— Escondi mi cara en su pecho.

En ese momento, sentí su olor. Era algo dulce, con ciertos toques cítricos. Al poco tiempo, chasqueo sus dedos y abrió un enorme portal. Donde ambos ingresamos abrazados.

La cabaña seguía igual. Solo que aquí era de día.

—Pino... Nuestra próxima cita será dentro de 3 días. Hasta entonces...

Me empujo hacia la pared y no paró de besarme. Yo como podía correspondía el beso. No sabía besar.
Poco a poco, subió de intensidad; sus manos se paseaban por mi cintura, espalda y mis muslos. Mi camisa se abrió mágicamente.

—Mira lo que tenemos aquí... Un piel blanca y virginal... Que lindo— Me sonrió lascivamente.
Mis mejillas se tiñeron de un rojo.

Mientras seguíamos así, la puerta de la cabaña se abrió.

—¡Quítale las manos de mi sobrino!—

—Tios...

Te extraño Donde viven las historias. Descúbrelo ahora