—Increíble. Señoras, señores, niños y niñas, familias, jamás pensé que se podría llegar a esta situación.
Ni yo tampoco.
—Sinceramente, sé que las reglas del juego estaban pactadas de forma inamovible antes de cualquier resultado, pero la valentía de ambos contrincantes es merecedora de indulto. Este hombre se enfrentó ante la muerte sin miedo alguno, y merece salvar su vida. ¿Qué piensa nuestro público?
Los gritos y aplausos estallan en mis oídos. Están siendo compasivos por un momento. Creía que aún había esperanza, pero me equivoco. El presentador utilizó la situación para beneficiarse. Clama por una última votación que decida si tengo que dispararme o no.
No les daré ese placer. No. No lo merecen. Agarro con fuerza el revólver ante las miradas de estupefacción de los cámaras y de los policías. Mi cabeza no es el objetivo. Apunto a la cara de mi rival.
Ese cerdo es igual o peor que el resto, la misma mierda. Tiene que morir. Su alma maldita arderá en el infierno. Si escapa, volverá a matar, con el doble de rabia, odio y crueldad. Volverá al punto inicial en donde se encuentra ahora. El eterno retorno. Mi conciencia me impide morir antes que él. Y algo me sigue diciendo que lo conozco.
—¿Qué coño estás haciendo? —el mamón del presentador aún tiene más que decir. Tiene cojones, a pesar de ser tan marica vistiendo. Hay aparienciasque pueden engañar. No le mueve el buen hacer, sino perder un negocio. Es otro ser podrido.
—Este hombre va a morir —susurro serenamente.
—¿No ves que te están apuntando? ¡Tú también morirás! ¡No seas subnormal y siéntate! Si te portas bien vivirás. ¡Cálmate y deja el arma encima de la mesa!
Lo miro con la mayor de mis rabias. Me está gritando. Me está insultando. Me está dando clases de moral y de buena educación. Surrealista. Pero no entro en su juego. No merece la pena. Vuelvo a mirar a mi rival. El cabrón sigue teniendo el mismo deleite en su sonrisa. Le da igual vivir o morir.
De reojo, observo los movimientos a mi alrededor. El público ya no ríe; está aterrorizado. ¡Malditos hijos de la gran puta! ¿Ahora sufrís, verdad? ¿Ahora tenéis miedo a la muerte? ¡Sois mierda putrefacta! La policía me rodea por completo, esperando una orden. No tengo escapatoria, pero no me importa.
—Por última vez, ¡detente!
El imperativo de su voz entra y sale por mis oídos sin la menor de las importancias. Sostengo el revólver con las dos manos y fijo el blanco. Su sonrisa es repugnante. Mis brazos están rígidos, y mi mano espera la señal de poner punto y final.
—Este hombre y yo éramos muertos en vida. La libertad, el mayor de nuestros deseos, fue una falsa esperanza que utilizastéis para jugar con nosotros. Pero allá vuestras conciencias, si es que tenéis. Este hombre no puede vivir. Tiene un único cometido, enviar al infierno a aquellos que hicieron de su vida un suplicio. No descansará hasta conseguirlo —la sonrisa se borra de su cara. Lo había calado—. Nuestras almas volaron, nuestra esencia es ya una sombra, un recuerdo condenado al olvido. Nuestra vida ya no nos pertenece; nos abandonó. Es el momento de partir.
Disparo. Aprieto elgatillo con toda mi rabia contenida y alcanzo de lleno a mi objetivo. Su cuerpo, inerte, frío en la vida como en la muerte, está siendo rodeado por un reguero de sangre caliente. El disparo, esa bala certera, rompe con todas mis cadenas. Por primera vez en mucho tiempo me siento libre.
El plató 3 es una vorágine de gritos, miedo y nervios. Un caos de tensión y angustia. Están a punto de descargar sus armas contra mi cuerpo. Pero no me importa. Soy libre. Fui, soy y seré fiel a mí mismo hasta el momento de mi final. ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo? En este plató ninguna. Pero, ¿en el exterior? ¿Hay alguien dispuesto a todo por seguir su propio camino, sus propias creencias? ¿Eres tú uno de ellos?

ESTÁS LEYENDO
Seis disparos
ActionLa historia de la televisión está a punto de cambiar. Esta noche se emite el programa con el que empezará a una era. Dos condenados a muerte se enfrentarán cara a cara. Un revólver y una bala. Nada más hace falta. La muerte o la libertad.