Capítulo 3.

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Todo el pueblo corría. Tratando de escapar de algo que ella no podía identificar. Los gritos horrorizados se escuchaban, muchas personas corriendo, buscando una manera de huir de algo, pero ¿de qué?

Se dio cuenta que la vestimenta de las personas eran muy diferentes. Vestidos elegantes de corceles. Trajes con moño y gorros estúpidos. 

¿Estaba en 1800? Capaz más, pero sabía que era uno de los 800.

Una criatura con sangre chorreando por su barbilla se acercaba a ella con paso decidido, sus ojos estaban rojos y unos colmillos sobresalían de sus labios.

Quiso correr, pero no podía. Sus piernas no le respondían, parecían estar pegadas al suelo.
Su respiración se volvió rápida y la desesperación crecía cada vez más. 

La criatura se detuvo y miró a un lado, donde venía una bestia corriendo rápidamente.
Sus garras largas y filosas brillaban junto sus colmillos. Sus ojos de un dorado intenso con la pupila dilatada. 

La bestia se tiró encima de la criatura, pero está de un sólo movimiento le sacó el corazón y luego se lo comió. 

Tuvo que retener una arcada al ver la escena. 

Asco, repulsión y miedo se juntaron al ver la criatura acabar con otra cosa de esas. Y evitó pensar que ese sería su destino.

Se quedó mirando la devoradora (había decidido ponerle así) se le hacía conocida. Su cabello rubio cayendo en cascada y la altura de metro setenta le resultaba familiar. 

La devoradora siguió su andar hacía ella. Sus ojos estaban más rojos y parecía no saciarse con nada, ya que la veía con ojos deseosos.

Cuando estuvo más cerca, la pudo reconocer.

— ¿Fergie? —cuestionó incrédula. ¿Su mejor amiga la iba a matar?— ¡Fergie, soy yo! —le empezó a gritar, pero fue peor. 

Fergie con una fuerza sobrenatural llegó a su lado y la agarro del cuello con fuerza.

— Esto será divertido —sonrió y mordió el cuello de Chloe.

Chloe despertó en su cama de un salto. Su respiración era agitada y en su mente no dejaba de estar ella siendo mordida por su mejor amiga. Una capa de sudor cubría su frente y sentía su piel pegajosa.

Se levantó y caminó a su baño. Prendió la luz, posó su mirada en su reflejo que se reflejaba en el espejo. 

Pálida y ojerosa, se lo esperaba. Abrió la llave del lavamanos y se mojó la cara con las manos. Se recogió su cabello en cola de caballo y salió del baño.

Sólo fue una pesadilla, repetía en su mente una y otra vez.

Posó su mirada en el reloj que tenía en la mesita de noche. 2:32 de la madrugada; ahora, ¿qué haría para matar el tiempo?

Seguir durmiendo era una buena opción, pero el miedo a tener otra pesadilla no la dejaría.
Pero tengo que descansar, se dijo así misma. No dejaría que una pesadilla le robara sus horas de sueño, las cuales necesitaba con urgencia. Vio el frasco que tenía en su mesita de noche, lo tenía para noches cómo esas que no podía dormir o las pesadillas la atacaban.

Sacudió su cabeza en forma de negación. Ya no las necesito, se dijo. Y se acostó en la cama, lista para volver a dormir.

****

Los pasillos del instituto estaban vacíos cuando Chloe llegó. Corrió hasta su casillero y con rapidez empezó a buscar los libros que necesitaba. Se había quedado dormida, y gracias a ello perdió el autobús escolar y tuvo que correr al instituto para tratar de no llegar tarde.

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