Ella...

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La miré a los ojos... directo a ellos,
y me di cuenta que la vida no solo son sueños, no...
Cuando ella sentada quedó,
mis impíos ojos que a ella siguió,
una luz blanca y hermosa en la mirada se encontró.
Y sin más remedio contemplé, quizá, la nariz más hermosa que hubiese yo visto alguna vez, tanto que la confundí con una flor...
Llevaba puesta una rosa de Sarón, y yo me preguntaba si la rosa la hacía lucir más hermosa... o ella hacía que la rosa se viera hermosa.
Pero sin duda, lo que me enamoró de ella no fueron sus gestos o ademanes... fueron sus labios.
Pronunció mi nombre, y seguí con mi mirada sus labios mientras lo hacía... atento a cada movimiento ¡Dios! Nunca había tenido tantas ganas de besar. Pero morí cuando supe que de otro ella era...

Minusvalía... impotenciasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora