Piso 4: Salidas

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Si alguien me hubiera dicho que me enamoraría locamente de un colega y que sacaría mis penas en un baño, probablemente me hubiera reído y luego le hubiera puesto 20 dolares en su mano, ¿Por qué? Lo consideraría absurdo y le pagaría por su imaginación.

Ahora me encuentro en un baño, frente a mi mejor amiga contándole sobre Derek y mi flechazo.

—Y así fue todo.

Sharon se tomó su tiempo en contestar.

—Déjame que lo repita, lo viste en la oficina del jefe, recitaron Orgullo y Prejuicio, ¿Y desde ahí fue creciendo ese cleptomanismo al que llamas amor?

—Lo de robar sus pertenencias fue después.

—Seguro, bien—juntó los labios hacia adentro y los soltó para afuera ocasionando un pop—asi que, ¿Ahora quieres olvidarlo?

—Sí...

—¿Cómo así?

—Shar, no sabes como esto me esta destruyendo; no puedo dormir bien, no puedo comer y escuchar a mi querido Adam Levine me hace enfadar.

—Pobre Adam, eso es grave.

—Y que lo digas, hasta pensé en alagar a Cary.

Sharon se llevó exageradamente las manos a la boca.

—¿Y en qué te serviría asistir a ese seminario?

—Esa es la razón por la que te estoy contando esto, necesito que me digas que hacer.

—Si yo fuera tú, le diría a Derek mis sentimientos. Ahorrate tanto sufrimiento.

—No puedo simplemente decirle: "Hey Derek, te amo. ¡Besame!" Y mas siendo el triple de su edad.

—Cierto, podrías ser su madre.

—¡Shar, eso no ayuda!—abrí el grifo y unté jabón en mis manos para refregar y luego enjuagarlas.

—Doris, tienes 61, casi 62 años. Puedes enfrentar estas simples cosas de infantes. Si ir a ese seminario te lleva a la respuesta que buscas, entonces hazlo. No tienes por qué esperar mi aprobación.

Miré a Sharon e inmediatamente la atraje a un abrazo.

—Gracias, Shar—sonreí—sabía que podía contar con mi compinche.

—Si, como quieras pero sueltame ya.

Me aparté.

—¿No te gustan los abrazos?

—No es eso—respondió—tus manos están mojadas.

Levanté mis manos húmedas y observé la blusa de Sharon. Ambas reímos.

En varias ocasiones me topé con Derek, no intercambiamos charlas sino que simples oraciones relacionadas al papeleo común.

Estaba preparada para lo que viniera, éste seminario determinaría lo que haría después.

Debía sacar a Derek de mi sistema, arrugar su existencia y tirarla a la basura para siempre.

Terminada la jornada laboral, saludé a Sharon y con mi bolso me encaminé al estacionamiento.

— ¡Hey, Doris! —exclamó una voz masculina muy reconocible.

Traté de ir lo más rápido que mis piernas podían, pensar que era un zombi a punto de comerme, pero en cuestión de segundo él ya estaba a mi lado caminando.

—Te ves algo apurada, ¿Lo estás? —No quería verlo a la cara y observar como uno de sus mechones rebeldes caía por su hermosa frente.

—Eh, si —piensa en algo Benett —dejé a mi perro en el horno.

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