Piso 3: Loca Obsesión

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Estuve toda la noche despierta, no pude dormir. Cada vez que cierro los ojos está él.

Mi rara obsesión por el nuevo empleado y mi compañero pasó tan rápido, no supe hasta que empecé a llevarme sus cosas a mi casa que estaba loca por Derek. Esto me está matando.

Nunca crucé con este tipo de ansiedad y necesidad por una persona hasta el punto de acosarla y querer más y más, ni si quiera con mi ex esposo Richard.

Esperaba que el seminario de hoy pudiera ayudarme y así poder seguir con mi vida, realmente lo anhelaba.

Perezosamente, me levanté del sofá donde había pasado la noche, no era muy temprano para el amanecer, y divisé a Dale en el piso panza arriba con la lengua afuera.

—Al menos alguien si pudo descansar—susurré acariciando su barriga.

Entré a la cocina arrastrando los pies y preparé café.

La comida no pasó por mi mente en ningún instante, pero o era tostadas con mermelada o desmayarme por ayuna.

Luego de dar un esfuerzo para recargar energías, fui a tomar un baño y a prepararme para el trabajo.

Nunca odié tanto las mañanas como hoy.

Agarré las llaves de mi Sedán y encendí las regaderas, las plantas merecían verse bellas.

Cuando ingresé al edificio, todos estaban joviales y llenos de vida.

¿Enserio, de todos los malditos días justo éste?

Los aborrecía.

Dejé mi cartera en la mesa de mi escritorio y me senté.

— ¿Ya no saludas?—No me di cuenta de su presencia pero Sharon estaba parada al lado de mi cubículo, una mano apoyada en la pared.

—Hola, Shar—giré la silla y levanté lo mejor que pude mi vista— ¿Qué tal tu noche? La mía fue una mierda.

—Lo sé, puedo notar esas tremendas ojeras debajo de tus ojos.

Si estuviera en mis cinco sentidos, hubiera corrido a mi bolso y tomaría mi corrector para arreglar el problema, pero no tenía las ganas suficientes ni para levantar el estuche.

—Si...no pude dormir bien, yo...

Pude notar preocupación en el rostro de mi mejor amiga. Lo que menos quería.

Estaba extremadamente cansada, respiré profundamente y me sentí mentalmente preparada para soltarle todo a Sharon.

De repente, una voz desde atrás me advirtió que huyera.

—Hola chicas—Derek estaba frente a mí y al lado de Sharon con una sonrisa de oreja a oreja, cabello ligeramente desordenado, un suéter color verde y pantalones negros. Guapísimo. ¿Realmente hacía frio?

—Wow—exclamó mi amiga— ¿Alguien tuvo buen sexo anoche?

Que Dios me salve, ahora si desperté.

—Nada de eso—rió—el jefe tiene un proyecto especial e importante para mí y por eso ando de fiesta.

—Qué bueno por ti, Derek.

Hubo un silencio, tal vez esperaban que reaccionara y dijera algo.

—Eso es genial—agregué levantando las mejillas en forma de sonrisa.

—Gracias, y por esa razón me gustaría hacer una pequeña fiesta en mi casa, ¿Vienen?

—Eso suena bien, necesito un descanso—dijo Sharon y luego me agarró de los hombros—tú mas que yo, ¿Qué te parece?

Ir a la casa de mi amado sonaba tentador. Todas las cosas que podría descubrir despertaban mi nuevo lado cleptómano, pero decidí controlarme. Ya era suficiente con llevarme cosas de su cubículo y sacarle fotos a escondidas.

—Lo siento, hoy tengo algo pendiente.

— ¿Novio?—interrogó Derek

No sabía que contestar.

Si le decía que no, me preguntaría por los planes y definitivamente no sabría mentirle y acabaría diciéndole acerca del seminario.

Si respondía con si, sería igualmente mentirosa y directamente descubierta ya que Sharon lo refutaría.

—Yo...

—Ella tiene mucho papeleo, creo que no le será posible asistir, ¿Verdad Doris?—dijo Sharon, tal vez pensando que era un asunto urgente, y lo era.

—Sí...lo lamento.

—No hay problema pero cambiando de tema, saben...—sostuvo su mentón con el puño—últimamente mis cosas han estado desapareciendo...

Alerta roja, alerta roja, aborten misión, ¡Abandonen la zona!

Me levanté rápidamente y me excusé para ir al baño. Shar y Derek se mantuvieron hablando.

Bajé la primera tapa del inodoro y me senté para, en segundos, colocar ambas manos en mi cabeza.

Tranquilízate Doris, solo debes calmarte y aguantar el día de hoy. ¿No es tan difícil, verdad? Luego vas a ir a ese maldito seminario y contarás ésta loca pasión por tu colega, te ayudarán a resolverlo y volveremos a la normalidad. Podremos morir en paz. Comprar ropa nueva para festejar e ir de paseo con Dale. Sí, todo eso y unos cuantos kilos de helado. Sin pastillas para la tensión.

Respiré hondo y salí del pequeño rectángulo para observar mi demacrado rostro a través del espejo.

—Te ves horrible, ¿eh?—reí con amargura. Esta no era yo.

La verdadera Doris Bennet es peleadora, viste ropa de marca y se burla de su vejez. Esta es una Doris que no conocía; débil, acosadora y de aspecto terrible.

Una rechinar de la puerta me avisó que alguien había entrado al baño de damas.

— ¿Qué te sucedió ahí Dor?—Sharon se acercó al lavabo y enjabonó sus manos—Estoy preocupada por ti, ¿Sabes?

Debía contarle, si Derek no hubiera aparecido en ese instante se lo habría dicho.

Por ahí, si se lo decía, se le ocurriría algo más astuto que un seminario lleno de extraños con problemas más serios que los míos.

—Shar—tragué—necesito contarte algo.

Older Love (Mini-historia)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora