Te dije que iban a hacerte mucho daño....
El despertador sonó,y Katherine gruñó al tener que levantarse.Bostezó y se incorporó para ponerse las zapatillas de osos.La única habitación de la pequeña casa era de espacio mínimo suficiente para la cama,el armario y el escritorio con su silla.La estantería apenas ocupaba espacio,pues eran dos tablas de madera en la pared a rebosar de libros e historias que Katherine escribía y sigue escribiendo con papel y un bolígrafo antiguo.
El pijama de Katherine se basaba en una camiseta antigua,y la pantuflas.Salió de la habitación para dirigirse a la cocina,pequeña,con apenas un horno y una hornilla antiguos,una estantería,una mininevera y la mesa con silla frente a una ventana siempre abierta,que daba maravillosas vistas a el pequeño lago en la propiedad y el molino,donde Katherine se bañaba y lavaba la ropa,al prescindir de lavadora y de ducha o bañera.La casa la formaba un aseo,la habitación y la cocina,y en el exterior,el molino y el lago.Pequeña,pero preciosa.
Katherine sacó un poco de leche,se la sirvió en un vaso,y se sirvió un poco de pan con mermelada.Se solía alimentar a base de cosas básicas;pan,mermelada,ensalada con tomate,leche y bollos que le regalaba la señora Rems,la dueña de la tienda,o mercado natural bajo techo.En aquel pueblo no había nadie que sabía lo que eran los Cheetos,o un bollicao,o el pollo pre cocinado.Allí eran todo natural.Teniendo en cuenta que ni había teléfonos,ni internet,ni televisiones,ni nada para contactar con el resto del mundo.Eran cien habitantes,todos ancianos y casados.Estaba situado en un lugar inhóspito,y nunca recibían visitantes.No había robos ni asesinatos,todas las muertes eran naturales.La única persona con algo de idea sobre la medicina era una vieja de ochenta años que se negaba a revelar su nombre,y le decían que la llamaran La Curandera.Era un tanto extraño.Ella no estaba casada.Tampoco había ayuntamiento.
Después de desayunar,se lavó los dientes y salió para darse un baño.Nadie iba nunca a los alrededores,además no se veía desde la entrada de la casa,estaba el molino delante.No le importaba el agua fría,toda su vida se había duchado con la misma temperatura.Cogió ropa limpia y una pastilla de jabón que compró en la tienda,con una caja entera llena de pastillas
Se vistió,se aseó y se dispuso a ir para el pueblo,que estaba a medio kilómetro.No le importaba andar,había bonitas vistas y era agradable pasear.Se había puesto una blusa azul turquesa,unos shorts beige,y una deportivas.Aunque estuvieran a finales de primavera siempre hacía frío,pero a ella le daba igual.No tenía accesorios,ni pendientes,ni sombreros ni zapatos extravagantes:unas deportivas,una botas de montaña,unas converse,y unas sandalias de cuero.No solía llevar vestidos,sólo tenía uno blanco,pero nunca se lo ponía.Seguía esperando la ocasión adecuada para ponérselo.
Cuando llegó,ya había clientes madrugadores.Unas cinco personas esperaban ser atendidas,y Katherine no dudó en atenderles.La señora Rems la saludó con una sonrisa,y ella le correspondió.Era la única con la que era realmente.Era una sesentona regordeta,cálida y afable con todos.Vivía en en el centro del pueblo con su marido,Roger,y eran muy simpáticos,siempre le regalaban cosas y ella a menudo le devolvía el favor.
Durante el resto del día,apenas unas pocas personas por la tienda.Se tomó un descanso de quince minutos,para tomarse un sándwich,cortesía de la señora Rems.
Por la tarde,tampoco vinieron muchos clientes,y como todas las tardes,cerró la tienda para irse a casa.
Al divisar el bosque,se le paró la respiración.Había un chico que no había visto nunca,mirándole.Tenía el pelo castaño,los ojos oscuros,pero destilaban brillos dorados,y la piel pálida.Sonrió,(se le formaron hoyuelos en las mejillas)le guiñó un ojo y desapareció.Literalmente.Estaba de espaldas a los árboles,sujetaba una conífera en las manos.Era alto,de complexión delgada,pero atlética,debía medir un metro noventa.No superaba los veinte.Unos jeans,una camiseta gris,sudadera negra desabrochada y converse.Esa era su indumentaria.
Pensó que se lo había imaginado.Pero le comía la curiosidad.¿Había sido real?¿O no?
No le dio más vueltas al asunto,se fue directamente a cambiarse y a descansar.La imaginación le había jugado una mala pasada.O eso creía ella.
Tuvo una pesadilla.
Katherine iba por el bosque,con una caperuza larga,y color escarlata.Huía.No sabía de qué,pero lo hacía.Corría,evitando tropezar con los pies desnudos.
Y lo vio a lo lejos.Un gran lobo negro,con ojos dorados y grandes,corría hacia ella.No corría demasiado.La tiró al suelo,enterró las zarpas en su piel blanca y chilló de dolor.El lobo se dispuso a enterrar también sus colmillos en su cuello,abriendo sus fauces.Katherine no podía moverse,el lobo estaba encima suya,sus garras clavadas en su pecho,que le impedían respirar.Podía sentir ya los colmillos,como le arrancarían la piel,desgarrándola,cuando despertó.
Estaba empapada en sudor.El despertador antiguo marcaba las tres y media.Respiraba agitadamente,el corazón en la garganta,y trató de calmarse,respirando lentamente.Sólo había sido un sueño.Al rato se tomó un vaso de agua y volvió a la cama.
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Cuidado con el lobo
Kurt AdamCada 1000 años,nace una chica con el especial poder de transformar las manadas de hombre lobo,para bien o para mal.Katherine es una de ellas,pero no lo sabe,y eso puede meterla en un buen lío.
