El día que Taylor murió, las cosas se salieron de control.
De hecho, si aquel accidente automovilístico jamás hubiera ocurrido, probablemente Allen no fuera tan infeliz.
Quizá pudiese seguir yendo a sus amadas clases de piano que antes tomaba de lunes a viernes porque tenía futuro y entusiasmo en la música clásica.
Tal vez todavía siguiera teniendo más amigos, ya que lejos de él y sus chistes malos de los dinosaurios, solía ser alguien social con el valor de hablar con más de cinco personas a la vez sin comenzar a temblar.
Podía liderar grupos aunque no sacar un sobresaliente en matemáticas, porque su mejor amigo era el listo y él se categorizaba como el social.
Taylor era gay y Allen... intentaba no serlo porque su familia jamás iba a aceptarlo. Pero eran felices, hasta que un maldito hombre ebrio se empotró en su carril cuando viajaba a su casa para hacerle la quizá mejor propuesta que jamás pudo escuchar.
Ahora no está. Sus chistes, sus libretas de escritura, su pasión hacia los museos y su amor por la vida se han marchado. Sólo queda un recuerdo y un chico con temor a olvidar.
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The Blackest Day
NouvellesAhora Taylor no está y su mejor amigo ha perdido una parte de sí mismo.
