Capítulo III: "Jamás toques mi ropa interior"

40 3 1
                                        

ZACK

Después de tomar aire y salir de mi aturdimiento decidí que lo mejor era buscar a mi hermana en su habitación. Salí del gran salón y atravesé todo el campus hasta llegar a donde la había dejado horas antes. Subiendo las escaleras me di cuenta que en realidad este edificio era feo comparado con los demás.

No había rastro de nadie, supongo que todos estaban en la fiesta. Del cuarto de Lily salía una leve luz así que toqué y esperé a que abriera.

- Zack – sus ojitos se abrieron como grandes platos, asustada. Tenía la nariz roja

-Lily. Casi no te encuentro – hice ademán de entrar pero ella avanzó un paso y ajustó la puerta a su espalda

-¿Necesitas algo? – no miraba mi cara sino mis pies.

-No, solo me preocupaste. No te encontraba y no sé qué haría donde algo te pasara– seguía mirando mis pies así que con mi mano la tomé del mentón y le levanté la cara, estaba llorando

-Lily, háblame ¿qué pasa? – la abracé al tiempo que le decía y empezó a llorar más profundo

-Nada hermano, te puedes ir, estoy sana y salva –retrocedió se limpió las lágrimas y entró a su habitación

No la presioné. A Lily no se le presiona. Lily deja que todo salga en su momento, si se presiona se va y no vuelve.

HARLOW

Encendí la fiesta, mi mamá se creyó la diva, todos están bailando y disfrutando, secretaría sola. Plan "cambiar de habitación" puesto en marcha. El nombre no es de espía pero no tengo tiempo para pensar en uno.

Sostengo la linterna con la boca mientras busco en el computador algo relacionado con las habitaciones o fraternidades ¡Lo tengo!

Bajo hasta la S y ahí está:

Stone Harlow : Fraternidad 5 de 20

Mi mamá cree que me puede convertir en una de esas que ama el espectáculo y las fraternidades. Pero no. Se supone que es el deseo de toda adolescente pero el mío no.

Copio mi nombre de la carpeta de fraternidades a la otra que dice "Habitaciones becados" lentamente busco una habitación que esté sin compañera: ¡Bingo! La número 234.

Mi plan ha terminado y puedo quedar en paz sabiendo que no tendré que vivir con esas niñas plásticas de fraternidades.

RUSH

Le di la propina al niño regordete y sudoroso mientras dejaba las maletas a lo alto de las inmensas escaleras. A esto se le llamaba fraternidad.

—Wow— masculló el niño, mirando a su alrededor con la boca abierta— Esto hace parte de los sueños húmedos de los chicos de la escuela, jamás pensé que fuera real.

—¡Largo! —grité.

Había una espectacular sala en L color negro y de terciopelo, con millones de cojines sobre ésta y en frente un gigante televisor con todo tipo de consola a sus lados.

Un gran ventanal, una cocina inmensa y una chimenea cerca del comedor mármol occidental. Un amplio pasillo con puertas electrónicas y sonreí al ver mi nombre en la primera puerta del pasillo, en el tablero electrónico.

Rush McCall, New York.

Saqué mi tarjeta de alumno y la puse sobre la pantalla, que fue rodeada con una leve luz roja y la puerta se abrió. La empujé y quedé fascinado con lo que veía. Podría sobrevivir aquí un largo tiempo.

—Hola—una voz tras de mí me hizo gritar y correr hacia la cama.

La otra voz, de un chico, también soltó un grito y me miró completamente extrañado.

—¡Así no se saluda, hermano! —le grité con una mano en el pecho.

—¡Yo dije hola! ¡Tú me gritaste! —recriminó.

Noté que se trataba de un chico bajo, de graciosos rulos que rebotaban y ojos verdes perezosos, con acento sureño.

—Soy Thomas —dijo el chico, estirando su mano con recelo— Espero que no me arranques la mano o algo así.

Tomé su mano, irritado

—Rush McCall. —vi divertido y satisfecho la mueca del chico al reconocer mi apellido, o precisamente, el de mi padre.

—¡No me jodas! ¡Puedes cortarme la mano! ¡McCall! —graznó, feliz.

—Sí, sí, lo sé—le quité importancia— ¿Cuál es mi otro loco compañero?

—No lo sé —se rascó sus rulos— Aún no han terminado de asignarlos, según escuché hay estudiantes de intercambio de Europa y Asia, nos están organizando.

—Europa y Asia...—medité— Me gusta.

Miré al chico de arriba a abajo. Se vestía bien, tenía algún tipo de obsesión por el blanco. Pero era elegante y de marca, con unos buenos modales podría servirme de algo.

—Vamos a poner algunas reglas, Donas....

—Thomas—se corrigió, feliz.

—Lo que sea —dije, saliendo de mi habitación— Primero, jamás pises mi habitación sin permiso.

Thomas salió de la habitación avergonzado.

—¿Chicas y alcohol?—ofrecí

—Uh, sí, sí —respondió inmediatamente.

—¿Toque de queda?

—Ni hablar —se estremeció— Aunque la universidad lo exige.

—Algo haremos —dije, dejándolo pasar—¿Fiestas los viernes?

—Y sábado.

—Me caes bien —sonreí, dándole unas palmaditas en la espalda—Ah, y jamás toques mi ropa interior.

—No uso —ambos nos echamos a reír.  

[PAUSADA] OutcastDonde viven las historias. Descúbrelo ahora