RUSH
Revisé detenidamente el auditorio con la mirada, mientras me sentaba justo en la fila después de un montón de piernas largas y bronceadas.
—Señoritas —murmuré, sonriendo.
Todas se rieron entre sonrojos y me acomodé las mangas de la camisa, que picaban, sobre los codos antes de sentarme. Thomas y Wesley venían detrás, repasando las normas que había dejado impuestas, Thomas le repetía impacientemente y Wesley fruncía el ceño y asentía, confundido. El chico no me producía el más mínimo grano de confianza, tenía una mirada de ese tipo de salvajes que se ocultaba con orejas de conejo. Así que cuando ambos llegaron a mi fila, lo rechacé con una mirada. Wesley dijo algo entre dientes y siguió y Thomas se sentó a mi lado.
—Es desesperante —refunfuñó, entre dientes. Mientras sacaba de su maleta de anciano un pequeño tarro con crema, vació un poco en sus manos y se estregó con cuidado.
—¿Qué es eso? —pregunté frunciendo el ceño y tomando el tarrito—¿Lubricante?
Sentí varias chicas acalorarse atrás y Thomas rodeó los ojos, arrebatándomelo de las manos y guardándolo indignado.
—Anti bacterial, ¿tienes idea de cuántos chicos el año pasado venían a estas aulas, probablemente en estas filas, a tener sexo?
Lo miré, unos segundos, antes de parpadear y fruncir el ceño.
—Pásame eso —gruñí, entre dientes, tomando el tarro y vaciándolo en mis manos.
—Oh por Dios —sentí a Thomas gemir.
—¿Qué? ¿Encontraste un condón?
—Mira. A esa. Chica. —dijo, sin aliento.
Levanté la vista, hacia la entrada del auditorio. Habían muchas chicas hermosas, sexys y muy similares o mejores que Megan Fox, de diversas culturas, tamaños y posiblemente sabores. Pero Hannah era una niña, que brillaba con solo mover las pestañas. Varios alumnos viejos y visiblemente mayores con novias despampanantes babeaban en sus puestos mientras veían entrar a esa belleza neoyorquina.
Su cabello rubio brillaba y su piel era del tono perfecto, ojos deslumbrantes azules y labios que podía jurar saborear desde aquí. Y el uniforme le acentuaba de una manera que era casi ilegal. Era como un ángel que había sido hecho para estar en algún canal porno. Dos chicas venían tras de ellas, podía saber quienes eran, eran Celine y Monique. Sus amigas de toda la vida, pero que no eran ni la mitad de buenas.
—Me he enamorado —por un momento olvidé, que tenía al imbécil de Thomas babeando. Estaba sentado a mi derecha, en el puesto hacia el pasillo dejando tres asientos libres a mi izquierda.
Hannah me localizó y sonrió, y casi pude sentir el veneno que soltaban los hombres de envidia y las mujeres de celos. Se dirigió hacia mí y se sentó a mi lado ignorando por completo a Thomas y a su lengua colgante. Se sentó a mi lado y me aseguré de mirar la minifalda de Monique con cierto interés, aunque era demasiado delgada para mi gusto.
—¡Estoy tan emocionada! ¿Tú no? —preguntó Hannah, con un brillo inocente en sus ojos.
—¿Cómo no estarlo? ¡Mira cómo nos miran! Somos Barbie y Ken desde ahora —dije, con sarcasmo mientras le lanzaba una mirada dulce. No podía ver a esta chica cómo algo más que una hermana, aunque fuera lo más bueno de la tierra.
Arrugó su pequeña nariz y olfateó el aire a su alrededor.
—¿Huele a anti bacterial? —refunfuñó.
Podía sentir a Thomas casi transpirando a mi lado. Reí.
—Claro, ¿quieres un poco? —golpee el hombro de Thomas— No seas maleducado, hermano.
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[PAUSADA] Outcast
Roman pour AdolescentsUna historia juvenil en donde un grupo de adolescentes aparentemente diferentes entre si se dan cuenta que tienen muchas cosas en común. Envueltos en un ambiente de superioridad en donde lo único importante es el poder y el materialismo tendrán que...
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