Me desperté con algo de dolor de cabeza. No se exactamente donde estoy, pero los propietarios de este sitio no parecen haber escatimado en gastos. Miro a mi derecha y encuentro a un hombre durmiendo sin ropa. Me fijo en que yo tampoco llevo.
Como una sombra aparece delante mio un hombre alto y delgado, yo sigo en el suelo. El hombre viste una chaqueta de cuero, un sombrero de ala ancha, y lleva un zurrón. Me fijo más en los detalles, su mirada es bastante cálida. Su elegante ropa está bastante manchada, lleva muchos frascos de brillantes colores atados con cintas de cuero por su cuerpo: en las mangas, en su cinturón, en las piernas, incluso un par de pequeños frascos en sus botas.
El hombre que dormía a mi lado se despierta. Es un hombre ligeramente fornido, de pelo claro y ojos verdes. Su cara está invadida por un enjambre de pecas distribuidas por su nariz y mejillas. Una barba de un par de días adorna su barbilla.
El extraño hombre del sombrero comenzó a hablar.
-Me presento, el Alquimista me hacen llamar. Una cuestión más importante a mi identidad es la vuestra. Sois los forasteros de la profecía. La profecía cuenta que dos forasteros llegarán y el curso del destino cambiarán, los pequeños se harán grandes, y los grandes caerán.
-¿Forasteros? ¿De donde? - preguntó el hombre de pelo claro
-¿Por que no tengo ningún recuerdo de nada?
El tal Alquimista prosiguió con su discurso.
-Sois de otro mundo, este está encerrado por una invisible e impenetrable barrera en forma de colosal cúpula. No se sabe como habéis llegado aquí, simplemente habéis aparecido, sin más. De vuestro mundo sólo podemos saber que es más fuerte que el nuestro, y que un poder débil de vuestras tierras puede ser un poder devastador en estas. La perdida de memoria es normal, no habéis viajado aquí sino que habéis renacido.
El Alquimista señala al hombre rubio.
-Tu nombre será Sirap
Luego me señala a mi.
-Y el tuyo Satarip.
El enigmático hombre vestido de cuero lanza con violencia uno de sus frascos al suelo y aparece una nube de humo. Cuando se despeja la nube el Alquimista ha desaparecido.
Todo era muy extraño. Me giré y detrás de mi había ropa y dos espadas. La ropa era bastante simple y las espadas no parecían de la mejor calidad. Nos vestimos con las marrones telas, después nos enfundamos las espadas en nuestros nuevos cintos.
Me puse a mirar la sala, estaba rodeada de columnas con figuras de esqueletos con piedras preciosas en los ojos. Nueve tronos colocados en círculo apuntaban al centrode la sala. El ambiente estaba cargado y una ligera capa de humedad cubría las baldosas que formaban figuras geométricas en el suelo. Los tronos estaban muy bien adornados, detalles en color dorado invadían toda la sala. Daba la sensación de estar en un palacio real exepto por el techo de roca desnuda. Las arañas habían contribuido a la decoración con sus peculiares telas. Los tronos se asemejaban a novias con sus velos tejidos por pequeños y anónimos artistas de ocho patas. Una fina niebla hacía que todo se difuminase a nuestro alrededor.
Ambos avanzamos en silencio a la adornada puerta que daba salida a esta gran sala. La puerta conectaba a un simple túnel bastante tosco hecho completamente de piedra desnuda. Oí un ruido proveniente de mi espalda, me giré como un relámpago. No lo podía creer, era un esqueleto que podía moverse.
-Dime que no soy el único en ver eso -dice Sirap con voz temblorosa.
-No, y no parece que haya venido a hacer amistad con nosotros.
Sirap lanza un violento golpe a la huesuda cabeza del muerto. El esqueleto hace un ruido similar a una risa mientras los pedazos de hueso roto le volvían al cráneo. El esqueleto se montó como un puzle, acto seguido levanta con dos manos su hacha y descarga un hachazo el cual logro bloquear con éxito. El arma del esqueleto está oxidada pero está muy decorada, posiblemente hace muchos años habría pertenecido a algún noble.
-Sirap fijate en sus costillas, tiene una especie de cristal en forma de rombo.
-Lo veo.
Mientras yo bloqueo los ataques de nuestro oponente y lanzo algunos golpes como distracción Sirap como si fuera una flecha humana lanza una estocada al esqueleto. La estocada acierta en el cristal de su pecho. Como las hojas en otoño el esqueleto se cae a trozos.
-Era muy obvio, creo que demasiado fácil.
-Mejor no cuestionemos.
Ambos en silencio recorremos algún que otro pasillo hasta encontrar la salida. Cuando salimos nos damos cuenta que todo este tiempo habíamos estado en una montaña. Nuestra vista no alcanza la cima.
Un hombre llama nuestra atención. Está sentado en una piedra y nos mira de forma algo desafiante. El hombre enciende su pipa, juega tranquilamente a formar anillos con el humo que sale de su boca. La pipa es bastante tosca, casi improvisada, parece tallada por alguien sin mucha idea, aunque cumple perfectamente su función.
El hombre va vestido únicamente con una especie de piel de algún animal pardo que le cubre de la cintura hasta las rodillas y está sostenida por un cinturón. Su torso y brazos al descubierto están cubiertos completamente por entrelazados tatuajes de un color verdoso. Su musculatura es inhumana los tiene completamente marcados, sus brazos son más anchos que mis piernas. Mientras hace anillos con el humo juega con una de las tres trenzas que salen de su frondosa barba. En la cabeza lleva un casco de hierro de donde sale una larga melena castaña.
El hombre coge una hacha pulida y ornamentada del suelo, a continuación se levanta. Esboza media sonrisa. A ojo parece medir unos dos metros, es más ancho que Sirap y yo juntos. Se acerca a nosotros, a continuación dice.
-El Alquimista me ha encargado protejeros y guiaros, seré vuestro comoañero de aventuras, si es que deseáis uniros a nuestra causa. De momento dejad que os guíe a nuestra guarida.
Ambos aceptamos ¿Que otra cosa podemos hacer?
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Reinos Y Libros: Forasteros
FantasyEl mundo está siendo consumido por una tiranía. Una armada de voluntarios depende de la fuerza de dos extraños personajes habitantes de otro plano para acabar con el imperio. Batallas, puñaladas traperas, engaños, aventuras, alianzas, rupturas, mald...
