Cuarenta: Adiós. (Parte 2)

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Maldijo varias veces de camino al lugar donde creía que podría encontrarlo.
Maldijo a los autos, lo maldijo a él y a sí misma.
Cuando bajó del auto vio el tumulto de personas rodeando el edificio además de patrullas y ambulancias. Sus ojos comenzaron a arder.
Habló con oficiales, con peatones; con cada persona que se le pasaba por delante, solo para saber si sus sospechas eran ciertas y todo había pasado antes de que ella llegara. Estaba a punto de quebrarse.
Un grupo de médicos salieron arrastrando una camilla con un cuerpo inerte sobre ella. Corrió hacia ella sin importarle las manos que intentaban detenerla en el camino hacia la camilla.
Lo miró a los ojos y sonrió, con las lágrimas ya derramándose por sus mejillas. Él intentó devolverle la sonrisa, en serio lo intentó.
Su rostro estaba lleno de sangre, sus ojos estaban colorados y su cuerpo estaba inerte, pero seguía siendo hermoso para ella.
—Eres un imbécil, Robert —sollozó. Él rió y luego hizo una mueca de dolor.
— Lo... Leíste.
— Claro que lo hice.
A ese punto, los médicos se habían apartado de ellos y observaban en la distancia.
— Cuando te recuperes, te golpearé hasta dejarte en este estado de nuevo, lo prometo —tomó su mano y vio una lagrima correr por la mejilla de él.
— Lo sé.
Sus ojos revolotearon un segundo.
— Creo que... dormiré un poco.
— Solo dormir —Murmuró Emma en tono de súplica. Besó sus labios ensangrentados e hinchados.
— Solo dormir —hizo una mueca — adiós.
— Adiós, Rob.

RobertDonde viven las historias. Descúbrelo ahora