Iba en la camioneta que guiaba al resto de vehículos por la ciudad, también iban aquí los tres de mi especie. Max había comprobado que habían llevado a las jóvenes a cierta locación, tomó el micrófono de la radio.
—Sirio se encargará de olfatear —anunció—. Haremos volar la entrada y atacaremos. Pónganse los cascos, los sedaremos a todos, la idea es que no vean quiénes somos. Por la hora, no hay muchos hombres, sólo los más calificados para quedarse a los entrenamientos secretos.
Durante el recorrido, Sirio se vio completamente impaciente, y debía admitir que yo también lo estaba. La pobre pequeña rulos, con esas pesadillas que tenía, me preocupaba que le hicieran cosas similares. Aunque los humanos no le harían eso a los de su propia especie, o eso quería creer, a pesar de que me habían hecho matar a unos cuantos.
Sacudí la cabeza. Mis manos estaban manchadas, lo que era, mi ser entero estaba manchado de culpa y de sangre, no merecía nada si le había arrebatado la vida a otros...
—Llegamos.
Reaccioné. Nos pusimos los cascos, que eran especiales ya que se podía respirar a la perfección con ellos puestos, y si uno deseaba, filtrar gases tóxicos y muchas cosas más. Sirio bajó de prisa, y le bastó menos de un segundo para voltear y dar la señal. Max dio la orden de seguirlo.
Con velocidad y silencio, posicionaron los explosivos mientras nos alejábamos. Los guardias que vieron por la ventanilla se exaltaron y corrieron hacia el interior, pero era muy tarde para que alertaran. La puerta se destruyó y entramos corriendo. Empezaron los disparos y un segundo grupo de hombres corrió por otro sector para abarcar más espacio.
Sirio nos guió a toda velocidad, les disparamos sedante a los que venían, pasamos por una especie de arena, y múltiples recuerdos vinieron a mi cabeza.
Peleas, dolor, gruñidos, me sentí observado por miles de ojos y empecé a respirar con dificultad.
Una explosión me hizo regresar al momento. El otro grupo de soldados habían liberado a los de mi especie, que salieron corriendo casi fuera de control. Muchos de los hombres que nos seguían se quedaron para mantener el orden pero yo seguí. Debía encontrar a la rulitos.
Corrimos a través de pasadizos que daban a pequeñas prisiones enrejadas. Dimos la vuelta por una esquina y logré verlas a lo lejos. Estaban afuera de una celda suya cuya reja estaba rota y abierta. Mi vista se centró en Rosy, que vino corriendo, y para mi sorpresa, me rodeó con sus finos brazos.
Quedé en blanco. Su olor a fresas me envolvió...
Me retiré el casco. La escuché llorar contra mi pecho, eso hizo que mi corazón hiciera un raro "bum". No quería que llorara. Con mucha duda, levanté mi mano y le di un leve toque a su cabello.
—Tranquila —fue lo único que logré decir.
Asintió pero no me soltó ni se separó ni un poco. Suspiré con alivio de que al menos estuviera bien. Le di un par de palmadas suaves en la espalda para que se calmara, vi que Sirio estaba calmando a la otra chica, aunque con muchísima más confianza.
—Casi nos abusan —sollozó.
¿A qué clase de abuso se refería? ... Oh, por supuesto, ¿a que también iban a experimentar con ellas como lo hicieron conmigo?
Max recibió una llamada y nos hizo seguirlo.
La pequeña rulos finalmente me soltó y caminó más al lado de su amiga. No había querido que me abandonara tan pronto, pero ni supe por qué, últimamente me atacaban sentimientos extraños en cuanto a ella, y al mismo tiempo se me hacían familiares, pero muy, muy lejanos.
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Ojos de gato Acrux
Ciencia FicciónÉl fue usado como un arma, ella le va a enseñar que hay más que solo dolor en la vida. Rosy lidia con su vida y con los evolucionados, nueva y letal especie. Sin embargo, recibe a uno herido, el cual solo transmite vacío, odio y profunda tristeza co...
