Uriel

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El único mirlo que quedaba en la tierra era uno de cabeza amarilla; lo guardaban intacto en una caja diminuta de cristal en el museo de los animales extintos. Los niños eran los que más se atraían por la figura redondeada del ave y siempre parecían ver en él algo más allá que un animal disecado.

Está vivo.

La misma expresión de siempre le dijo la niña a su mamá.

Está disecado, mi amor.


Cuando ya nadie tenía los ojos puestos en el ave, la niña tomó la caja de cristal y advirtiendo entonces a la alarma del museo, corrió hasta tropezarse con un peldaño de madera. La caja cayó al suelo y se rajó en sus cuatro esquinas; permitiendo que el pájaro, librándose del líquido helado que lo retenía, respirara como agradecimiento a su última melodía.


Micro sociópatas (completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora