Carpintero y Ebanista

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Al nacer somos una pequeña planta, que fué puesta en la tierra como una semilla, y se desarrolló hasta alcanzar la superficie. Al llegar allí, recibimos el aire, el agua y el sol, a diestra y siniestra. Las tormentas, los aguaceros y las soleadas mañanas hacen de nuestra infancia, algo de recordar. Nos transformamos lentamente en árbolitos que, conforme sufrimos y sentimos las alegrías de la vida, desarrollamos un cuerpo débil o uno vigoroso y resistente.

A eso de los 9 años, nuestro tallo está listo para que el tiempo y el destino, los leñadores/carpinteros nos comiencen a dar forma. 

Toman la madera de nosotros, y le dan forma. Usan todas sus herramientas, caladoras, martillos, taladros, pulidoras, y nos dan una hermosa figura. Conforme la vida avanza, aprendemos y absorbemos información que nos hace brillar. 

Primero el Carpintero (Tiempo), nos corta y nos forma en tablones. Si nos trata un buen carpintero, tendremos la suerte de ser árboles que rindan para construir grandes elementos. Si tenemos un mal carpintero, quizás hasta nos corten a través de la beta y perdamos resistencia.

El Ebanista (Destino), decide entonces agregar algo para que resistamos. Un alma de metal, un tornillo, un clavo. El alma nos sostiene en los momentos de debilidad, el tornillo nos permite mantenernos como uno y quizás, agregar decoraciones. El clavo nos destruye al interior, y nos hace depender de él.

El alma construye nuestra fuerza de voluntad. Los tornillos son las aficiones y los clavos son las dependencias de las cuales tanto sufrimos cuando tenemos que desprendernos, pues "Un clavo no saca otro clavo".

Si el ebanista sabe tratar la madera, con ayuda del carpintero, el mueble durará mucho tiempo en su lugar, y será hermoso. Incluso con los clavos, podrá recuperarse, y si ya no sirve mucho mas como mueble, se puede recuperar la madera y construir uno nuevo.

Si, por el contrario, ambos hacen mal su trabajo, el mueble se deteriorará pronto, y se irá fisurando, siendo consumido por comején.

Al final, todos terminaremos del mismo modo: Como aserrín en un horno, generando calor para una entidad que lo necesite. O quizás como una pieza de alguna estructura que albergue mas semillas que iniciarán el ciclo que nosotros finalizamos.

"El tiempo y el destino son quienes mejor construyen la vida"

-Nota: Basado en una versión que escribí anteriormente, a mis 17 años-

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