Los vecinos se volvieron tacaños ese último año, Luna y yo culpábamos a Matthew por su tonto disfraz de basura. Él sólo se rio de nosotros y nos quitó los pocos dulces que nos habían dado.
Después de esa noche se me volvía cada vez más complicado ver a Matthew entre clases, antes de las seis de la mañana él estaba en el gimnasio y salía a tiempo para entrar a la escuela a las siete. Tenía otro horario y sólo nos podíamos ver en el descanso para comer, mismo que él utilizaba para estar con sus nuevos amigos, unos tipos raros que había conocido en el gimnasio; eran como cuatro años más viejos que nosotros pero habían pasado la mayoría del tiempo "perfeccionando" su cuerpo y olvidaron que tenían deberes así que reprobaron múltiples veces el último grado entero.
—Tenemos que hacer algo respecto a los locos secuestra-Matts —dijo Luna un día, yo estaba sentado en una mesa a otras diez de distancia de ellos, me veían y se reían porque yo estaba solo. Incluso Matthew lo hacía antes que Luna llegara y él volteó la cara a otro lado cuando hizo contacto visual con ella.
—¿Qué podemos hacer? Él prefiere estar con ellos que con nosotros —me encogí en hombros y le di un pequeño sorbo a mi soda.
—Podemos... raptarlo de vuelta.
—¿Cómo se rapta de vuelta a alguien que te robaron?
—Me paro —dijo Luna, mientras se paraba —, camino hasta allá, lo tomo de la mano y lo traigo con nosotros.
Lo siguiente incluso para mí fue algo confuso. Lo veía desde fuera y no parecía ser real, todo pasaba en cámara lenta y volvía a repetirse una y otra vez incluso cuando Luna ya se encontraba en la mesa conmigo de nuevo.
Cuando pasó las diez mesas que había de diferencia entre nosotros y el grupo de los musculosos enloquecidos con los que se encontraba Matt, Luna se acercó a hablar con él, uno de los menos musculosos del grupo de alrededor de diez hombres. Todos se pusieron de pie y la tomaron a ella por los brazos, alzándola como si fuera un muñeco de peluche o una Barbie de tamaño real. Lo más loco, si se le puede llamar de alguna manera, es que Matthew no dijo absolutamente nada al respecto y sólo se quedó sentado con otros dos que parecían tener más de veinte años. Llevaron a Luna de vuelta hasta la mesa y la dejaron en la banca frente a mí.
—Quédate con tu novio, loca. Los dementes como ustedes se pertenecen el uno al otro. —Le dijo el más alto de todos antes de irse nuevamente con ellos, como si tuvieran un imán para unirse el uno al otro.
Luna se cruzó de brazos; en adelante se rindió en el plan de reconstruir nuestra amistad con Matthew y prefirió quedarse pegada a mi lado el resto de noviembre, como si fuera un chicle que pisas en la calle y se queda pegado a ti por el resto de la vida.
Iba conmigo a todos lados. No tan literal como ir al baño conmigo, pero el día de Acción de Gracias estuvo conmigo en casa, refiriéndose a la suya como un problema interminable y una constante guerra entre sus seis hermanos para ver quién se quedaba con más puré de papas y la última pieza del pavo. Nos contó sobre su vida siendo la menor de seis hermanos, hermanos que eran solamente hombres.
Su madre siempre quiso una mujer y no descansó (literalmente) hasta tenerla. Dos de ellos ya estaban en la universidad en otro estado pero volvían cada fiesta importante para pasarla con la familia: Día de la Independencia, Acción de Gracias, Navidad, Año Nuevo... los cumpleaños los pasaban separados porque no había tanto tiempo libre en sus apretadas agendas de estudiantes universitarios. Otro más se iría a la universidad ese año (había repetido año antes de salir de la secundaria) y los otros dos, los más grandes, ni siquiera hacían el intento de seguir adelante.
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Nosotros y ella
Romance"¿Qué pasa con la vida después de que lo que más deseabas se vuelve realidad pero después desaparece como si nada hubiera pasado?" Luna vino a nuestra vida como un terremoto, a mover todo y dejarlo en ningún lugar. Fuimos mejores amigos por mucho ti...
