Pov Sam.
El viaje en avión había sido una tortura: cada metro que me alejaba de Mississippi, se me clavaba en el pecho y producía un dolor agudo e insoportable. Traté de dormir, pero el accidente se repetía una y otra vez en mi cabeza, produciendo pesadillas. Bajamos del aeropuerto y nos encaminamos hacia la casa de mis tíos: Ruth y Lucas, que por cierto, son esposos.
Al llegar nos atendió un chico llamado Nathan, es un chico amable, pero, lo cierto es que no le presté la suficiente atención: todavía estaba inmersa en mis pensamientos y el mencionado dolor aún no desaparecía. El tío Lucas me abrazó y ese fue el colmo. Sentí que si mínimamente abro la boca, me largaría a llorar y nunca he querido que me vean llorar y sientan lástima.
Sin decir ni una sola palabra, me encaminé a la que me indicaron que era mi habitación. En cuánto cerré la puerta, un sollozo indebido se escapó de mi boca y no me pude contener más. Me tiré en mi supuesta cama y lloré todo lo que no había podido o no había querido. Di un respingo cuándo unos fuertes brazos masculinos me abrazaron por atrás, ya que pensé que estaba sola. Quise darme vuelta a ver quién era, pero apenes lo hice me encontré con un pecho bien tonificado y no me resisití. Abrazé fuertemente a esa persona y lloré no sé por cuánto tiempo.
Estaba empezando a calmarme y él me sobaba la espalda de forma tranquilizadora. Todo estaba silencioso, hasta que él decidió hablar:
-No te asustes, soy Nathan. Todo va a pasar princesa, sólo descárgate, te va a ayudar.- Me besó la frente y siguió abrazándome.
-Perdón Nathan, no era mi intención que me vieras así. No era, justamente, la primera impresión que quería que tuvieras de mí.-sorbé mi nariz-Déjame presentarme: soy Samantha, pero por favor decime Sam; aunque, si queres que yo sepa que estás enojado conmigo, te recomiendo decirme Samantha.
Ambos reímos y ahí me di cuenta de que el chico que tenía en frente era todo un Dios Griego. Tenía ojos marrones verdosos, pelo corto y negro oscuro, su cuerpo estaba trabajado y su ropa lo marcaba bastante bien, tiene estilo, hasta dónde sé es carismático y comprensivo. Dios griego y buena persona.
-¿Te gusta lo que ves?- preguntó con una ceja enarcada. Al parecer, me quedé mirando más de lo que debía. Me sonrojé un poco.
-Eh... p-erdón, no e-ra mi intención, pero por favor no pensés que soy una pervertida. Te lo suplico.- dije con carita del gato con botas.
Él rió entre dientes-Tranquila, jamás pensaría eso de vos. Cambiando de tema: ¿te sentís mejor?- mi miró preocupado.
Asentí.-Sí, gracias de verdad. Y perdón por no saludarte abajo. Es que no me gusta que sientan lástima de mí. Por eso no me gusta llorar en público y si hablaba, iba a llorar seguro.- Agaché la cabeza cabizbaja y por vergüenza porque sabía que sonada ridículo. Él me agarró del mentón entre sus dedos índice y pulgar y me tranquilizó acariciándome, lentamente me fue levantado la cabeza buscando mis ojos.
-Primero: no te avergüences de lo que piensas, por más que haya gente que no piense lo mismo. Segundo: jamás sentiría lástima de vos. Tercero: abajo me di cuenta que aunque tu cuerpo estaba ahí, tu cabeza y corazón no. Y cuarto: dejá de disculparte.
Estábamos peligrosamente cerca y sentí lo nerviosa que estaba y cómo mi corazón latía con fuerza debido a su cercanía. Nos mirábamos a los ojos detenidamente, él tratando de descubrir algo en mí y yo tratando de grabarlo en mi memoria. Se fue acercando lentamente y por inercia cerré los ojos, íbamos a besarnos hasta que tocaron la puerta.
-Sam hay que bajar a almorzar, te espero y voy a avisarle a Nathan.- me dijo la tía Ruth.
-Tranquila tía, él está conmigo...estábamos charlando un poco. Ya bajamos.- la tranquilicé.
-Ah, ok. Me ahorrás trabajo. Los esperamos.
Suspiré.
-¿Charlando?- preguntó, otra vez con la ceja enarcada.
-¿Y qué querés que le diga, qué nos estábamos a punto de besar sin conocernos?- ahora la que enarcaba la ceja era yo.
Suspiró- Tenés razón, perdón por querer besarte. Sólo que no me pude resistir y si no nos movemos,- dijo mirando mis labios-voy a terminar lo que empecé.
El dilema que había en mi cabeza era digno de imaginar. Yo también deseaba besarlo, pero nos estaban esperando.
Creo que ya sé lo que voy a hacer. Pensé.
N/A: Hola chicos, perdón por no subir muy seguido en mi historia, sólo que no he tenido mucho tiempo y, cuándo lo tenía, no conseguía internet estable. Otra vez, mil perdones.
Cambiando de tema: ¿Qué les parece la historia? Comenten, voten y pregunten lo que quieran saber.
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Barreras para Amar.
Teen FictionSamantha Díaz es una adolescente común, pero un trágico accidente y un secreto revelado cambiará el rumbo de su vida por completo. Nathan Gutiérrez es un chico rico, lleno de lujos y comodidades. Su vida era increíble, pero, tras la muerte de sus pa...