Capítulo 4 - Dios griego, pero cero nueronas. (Parte 1)

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Pov Sam.

Lo besé en la comisura de sus labios y luego en el centro de ellos.

-Vamos, antes de que nos vengan a buscar.- le dije antes de que reaccionara.

-Eh...- no lo dejé terminar y lo arrastré escaleras abajo.

Estábamos por llegar y me retuvo, acorralándome entre la pared y su cuerpo.

-¿Pensaste que sos la única que puede hacer lo que quiere? Afrontá las consecuencias- dicho esto, me besó apasionadamente y yo le seguí colocando las manos en su cuello y él, las suyas en mi cintura pegándome más a él.

Tuvimos que parar por falta de aire. Los dos estábamos jadeantes y teníamos los labios ligeramente hinchados y rojos.

Nos gritaron desde el comedor para que nos apuráramos y bajamos enseguida. El almuerzo pasó de entre cruce de miradas a preguntas incómodas de mi vuelo y mi estado de ánimo.

De repente, un silencio incómodo, seguido de una pregunta peor aún:

-Samantha, ¿podrías comportarte cómo una chica?; pareces un ogro comiendo, o mejor dicho devorando todo.-Mi cara reflejaba un color rojo carmesí por la vergüenza.

Nathan empezó a carcajear y yo le propiné un puntapié debajo de la mesa. Mi tía Ruth se dio cuenta de la falta de respeto y pateó a mi tío y Nathan por igual.

Traté de no reírme, ya que si lo hacía, la ligaría también.

En eso se basó toda la hora del almuerzo: puntapiés, preguntas incómodas y miradas de reproche.

Nathan decidió abrir la boca:

-Samantha, así que, ¿a qué escuela asistirás este último año?- meditó un poco y dijo:-¡Qué tonto! Claro que irás a la misma que yo, tus tíos ya me han hablado de eso; espero que estés a la altura.

-Oh, no te preocupes por eso... Si hablas de que te supere, ya tendrías que tener resuelto que te patearé el trasero cómo que me llamo Samantha Díaz.

Su expresión era digna de un óscar. Se notaba en sus ojos lo furioso e impotente que se sentía y aun así su cara no reflejaba ningún cambio.

-Eso lo veremos mañana, pequeña.

Él. No. Me. Había. Dicho. Eso.

-¿Cómo me dijiste?

-¿Qué? Ahora me dices que no te gusta que te diga pequeña. Deja de jugar como si fueras inocente, que tú me provocaste primero.

-Qué yo haya hecho cosas que no son de tu incumbencia, no te da el derecho de decirme como quieras.

Me despedí del almuerzo para relajarme en mi habitación y poder hablar de todo mi viaje con Denise, a quién ya extrañaba.

Barreras para Amar.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora