No tengo muchos recuerdos de aquella época en la que estaba en mi celdilla mientras mi cuidadora y el resto de las nodrizas nos daban de comer y nos arrullaban. A lo mejor, fue un tiempo tan corto que no vale mucho la pena recordarlo. Pero me atrevo a decir que fue la etapa de mi vida que me construyó.
No sólo estaba Atenea. Ella era muy divertida, pero a veces se dormía. Era como las otras larvas. Cuando eres una larva no puede hacer mucho más que comer y pensar (y la mayoría evita hacer lo segundo). Así que en esos instantes en los que me aburría, se me ocurrió mirar hacia el otro lado. No era muy extraño de suponer. Había otra celda, pero fea. Era algo deforme y grande. Muy extraña en mi opinión. Es como si con el tamaño y forma de esta intentaran marcar que algo dentro de ella es poco funcional. Pero las abejas son muy perfeccionistas como para dejar algo inútil en el panal amenos que no lo puedan cargar. Parecía que se hubiera construido para un ser monstruoso y descomunal, pero no... No era eso, sino una criatura. Una larva, como yo. Debo admitirlo, era bastante tosca, pero me dio una sensación de calidez que no creo olvidar. Aunque también, espero no hacerlo.
-Hola, soy Vicky... ¿eres una oruga? - Pregunté, porque no entendía muy bien cómo una larva podía verse así. Lo único que se me ocurrió fue preguntarle si era algo similar a lo que había escuchado de afuera. Una oruga. Como una larva, pero mucho más grande y con colores distintos. Difícil de cargar.
-Hola. Yo soy Pablo... de hecho yo te iba a preguntar qué eras tú...-respondió él con una sonrisa. Nunca había escuchado ese tipo de nombres. Los nombres que conocía eran como Vicky, Atenea, Noelia como mi cuidadora, Sandra como la cuidadora de Atenea, Luz de Luna, como la nodriza que revisaba las larvas de arriba... pero un nombre como Pablo era tan curioso como aquel ser que estaba junto a mí - pero no soy una oruga, soy una Larva. Y cuando crezca, me convertiré en un Zángano.
-¿Qué es eso?-Pregunté yo. Lo había escuchado decir a las nodrizas muchas veces. Parece que, o les son indiferentes o los detestan. Una vez las escuché decir que son "escoria abejil". No sé lo que significará eso, pero Luz de Luna lo decía con tanta rabia que supuse que era algo asqueroso. No entendía como algo tan descariñado podía venir de un ser tan tierno y luminoso como Luz de Luna.
-Un padre.-Respondió él. Yo no había escuchado nunca esa palabra. Sabía la palabra "madre", pero nunca la había escuchado con p. "Padre". Me preguntaba por qué nunca lo había visto. Enterarme poco después fue... bueno, fue triste - Todos somos hijos de la reina y el rey. El rey es el zángano o el padre.
Si la Reina y el Rey son los padres de todos ¿Por qué he visto tantas veces a mi madre y a mi padre nunca lo he visto? Fue algo que me pregunté mucho después. Pero ahora no. Tenía en la cabeza las cosas típicas que una larva tienen en su celdilla. Yo estaba emocionada. Tenía a mi lado a la futura reina y al otro lado, al futuro rey. Al menos eso era lo que creía yo. Qué felicidad me daba eso. A penas me daba cuenta que ellos ya tenían muy claro quienes eran. Yo aún no llegaba eso. Aún estaba buscando respuestas como el qué, el cómo y el por qué. Aunque era posible que el resto simplemente se saltara todas esas preguntas.
-¿Entonces algún día vas a ser padre? -pregunté con mucho entusiasmo- acá al lado mío hay una reina. tal vez ustedes vallan a ser los próximos padres y ...
¡¡¡¡UN RATÓN!!!!
Se escuchó retumbar la voz de Luz de Luna. Todos los zumbidos acogedores de las nodrizas tomaron unas tonalidades agudas mientras se movían rápidamente. La mayoría de las larvas despertó por el ajetreo y el movimiento. Luz de Luna había dado la alarma y la primera instrucción fue cambiar de lugar a todas las larvas que fuera posible. Lo dijo en el aire de la forma más amplia que pudo, para que todos la vieran. Noelia, mi criadora, me descajó y llamó a un par de nodrizas. No podía cargarme ella sola. Pero entre tres nodrizas, lograron moverme hasta un nivel más apartado. Parece que la zona de criaderos es sacrificable.
Cuando se mueven mucho, no se alcanza a ver muy bien. Pero a medida que las nodrizas se acomodan, empiezas a notar que es lo que tratan de hacer. Llegaron de a poco las guerreras y las recolectoras. Parecían tener ensayado hasta el cansancio eso de acorralar. Porque las abejas que llegaron de afuera y que probablemente no habían entrado a la zona de criadero en mucho tiempo, ni si quiera pidieron detalles de la instrucción. Luz de Luna dio un mensaje corto y eficiente y con eso bastó para que el resto de abejas supieran exactamente lo que debían hacer.
-¿Qué es un ratón?-Pregunté a Noelia, que estaba junto a mí. Ella parecía muy ocupada estando asustada para responderme. Viéndola así, me dediqué a observar.
Era una bestia enorme, peluda, de color gris con la cola y dientes muy largos. Fue la primera amenaza que vi en mi vida como larva. Se movía con gran velocidad mientras los zumbidos atronadores de cientos y miles de obreras lo acorralaban hacia la esquina más cercana a la muralla. El ratón golpeaba con su cola en todas direcciones. destruía las zonas con su gran peso y agresividad. Nunca pensé que una bestia con tal poderío sentiría pánico ante las abejas. Un monstruo y parecía que ellas estaban más que claras sobre su tarea. Esa fue mi primera vez ante el poder del enjambre.
El panal dejó de oler a miel y flores dulces. Ahora emanaba un olor similar al del veneno o el del ácido. Era un olor que no conocía, pero que cuando salí ya siendo madura, tuve que enfrentar varias veces. El ratón estaba tratando de usar su orina para defenderte. Es realmente muy dañina. Por suerte nosotros estábamos lejos. No nos hizo mayor daño. Pero las obreras allá abajo, lujando contra el ratón, ya no podían solamente acorralarlo y dar advertencias con golpes. Creo que lo sabían desde un principio, pero no querían perder tanto. Ahora empezaba el sacrificio. Todo sea por el bien de la colonia.
Luz de Luna, que era la abeja más vieja de las nodrizas, dio la primera señal. Veintisiete obreras se lanzaron en picada clavando sus aguijones en la carne del ratón. Chilló de dolor y desesperado, empezó a sacudirse a las abejas del lomo, cabeza, patas y cuello. Ellas sabían su destino desde que vieron al ratón dentro del panal. La segunda oleada de manera inmediata, el ratón estaba ciego de la hinchazón y su aliento desesperado apagó los chillidos. Luego de la tercera oleada, el ratón se desplomó en la parte baja del panal.
Luz de Luna dio la señal. La amenaza había sido neutralizada.
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Abeja obrera
RomanceVicky, una abeja obrera talentosa, que le encantaría renacer para que ahora le toque en el lugar de la reina. morir para ella es fácil, enamorarse fue algo extraño, pero cumplir su promesa... cumplir su promesa de no sólo ser una entre miles de abe...