Mi lugar

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-Gracias.- Dije.

-¿Por qué me agradeces?

-Por todo.

-Recién nos conocemos.

-Lo sé pero aún así me haces sentir de una manera única.

-¿De qué hablas?

-Nada.-Demonios lo regué, ahora creerá que me gusta.

-¿Quieres ver algo?- Gracias a Dios, ella fue quien cambió de tema.

-Claro.

Se comporta de una manera diferente, aunque tal vez - espero que no- sólo sea por lo que me acaba de confesar.

Esto me hace pensar en muchas cosas más.

-Te dije que debíamos decírselo.- Comenzó mi padre, después de que tuvo que ir por mi a casa de un amigo y encontrarme pacheco.

-No, si él lo sabe se comportará en desacuerdo en todo.- Respondió mi madre.

-Pero ya lo hace.

-Pero es porque no le prestamos atención.

-¿De dónde se supone que comeremos si no salgo a trabajar?

-Podrías faltar un día.

-Imposible si falto todo se sale de mis manos.

-Por favor, eres el dueño, no pasaría nada malo.

-Ya no es un niño.

Demonios, todo eso había ocasionado, para entonces ya ni estaba pacheco, bueno sólo un poco, pero ya era consciente de que discutían por mí.

-Creo que deberíamos decírselo.- Sentenció mi padre.

-¿Y si comienza a odiarnos por no ser sus padres? ¿Y si quiere irse de la casa?

-No lo creo, es demasiado listo como para dejar todo lo que tiene sólo por un capricho.

-No lo creo.

-Algún día sabrá que es adoptado.

Y eso fue todo lo que fui capás de escuchar, seguí mi camino, y nunca volví a espiar en la recamara de mis padres porque si volvía a hacerlo tal vez volvería a enterarme de cosas que no quería saber.

Y ella que cree que es imperfecta.
No puedo imaginar lo tan imperfecto que soy yo, que desde pequeño mis padres me abandonaron. Para entonces seguro ya debía ser una mierda, tanto así para haber sido desaprobado por mis padres. Esa palabra me rompía el corazón.

-Es aquí.

Ella había tomado mi mano, habíamos ido a su casa y me subió a su auto, ahora estábamos en un lugar, era como un bosque sólo que no como el de las películas donde llevan a las personas para hacerles cosas malas.

-¿Aquí es donde me matas y entierras mi cadáver?

-Si, aquí nadie te encontrará jamás.- Escala un pequeño árbol y se sienta en una rama.- Ven aquí.- Da pequeñas palmaditas en la rama para que me siente a su lado.

-Gracias.

-Este es mi...- Parece que duda un momento.- Mi lugar.

-¿De qué hablas?

-Aquí vengo todos los días.

-¿A qué?

-Demonios Frank, sólo callate. ¿Siempre haces tantas preguntas?

-Lo siento.- No lo sentía en realidad pero me gustaba hacerla enfadar.

-No lo sientas.

-¿Quien te entiende?

-Nadie.- Baja la mirada.

-Demonios, yo no...- Me interrumpe.

-No importa es la verdad.- Guardo silencio.- Es por eso que vengo a este lugar cuando estoy triste, estar aquí me relaja, me hace creer que en realidad siempre existe un lugar al que verdaderamente pertenecemos. Todos tenemos uno. Y este es el mío.

-Es linda la manera en que hablas. Y también es lindo este lugar.

-Ahora también puede ser el tuyo.

-¿Puedo venir cuando yo quiera?

-Si.

-¿Con quien yo quiera?

-Has lo que quieras, siempre y cuando yo no esté aquí. Ni traigas a nadie aquí si es que yo estoy aquí. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

-Ahora, ¿quieres hablar?

-¿A qué te refieres?

-Tienes algo dentro, puedes sacarlo, estamos en el árbol.- Ríe, tiene una sonrisa muy bonita.

-No creo que sea el momento.- Bajo la mirada.

-De acuerdo.- Ella baja del árbol de un brinco (al parecer ya tiene práctica).- Vamos.

-¿A dónde?

-A tu lugar.

-¿Mi lugar?- Me extiende las llaves de su auto.

-Si.- bajo del árbol y tomo las llaves.

-¿Cómo sé cuál es mi lugar?

-¿A dónde sueles ir cuando estas aburrido?

-A la cama.- Río, pero ella no, así que guardo silencio.- Lo siento.- Continúo.- Vamos.

Comenzamos a caminar hacia donde habíamos dejado el auto, ella sube del lado del copiloto y yo comienzo a conducir.

No sé realmente cual es mi lugar, cuando estoy triste, enojado o quiero sonreír sólo voy a afuera de mi casa... Bueno, dentro de ella pero en el jardín - mi madre mandó a hizo que pusieran una banca que se balancea como un columpio- cuando quiero descansar saco mi reproductor, me pongo mis audífonos y así me quedo, aveces durante horas. Creo que ese es mi lugar.

-¿Es en tu casa?

-Si.

-Eso es raro.

-Yo soy raro.

-Todos lo somos.

Abro la puerta y entro. No hago caso a las preguntas y comentarios que que me hacen las personas que pasan a mi lado.

-Cierra los ojos.

-¿Qué?

-Que cierres los ojos.

-Eso si lo entendí.

-¡Pues entonces hazlo!- Casi grito...

-Oye, tampoco me grites.

-Yo... Los siento. Pero por favor...

-Jaja, está bien.- Me guiña un ojo.
Por Dios, debe dejar de ser tan dulce o va a matarme. ¡NO! Yo debería dejar de ser tan sensible con ella, esto no puede ser, jamás había sentido esto por una mujer, con excepción de ella. Pero ella era muy distinta a Paola.

-Ya los cerré desde hace mucho.- Me saca de mis pensamientos. (Eso es bueno)

-Disculpa, estaba pensando.

-Descuida...

Tomo su mano y la guío camino a mi mugar.

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Hola chicas, disculpen la tardanza no había podido escribir y ustedes querían los capítulos más largos, espero estar lográndolo.

Lo del árbol es inspirado de una película que acabo de ver.
Se llama "The Fuff" se las recomiendo mucho.

¿Creen que esto funcione?

Adios.










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