Capítulo Cinco

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—No puedo creer que tenga que hacer esto —me quejé por milésima vez mientras miraba con nerviosismo la puerta cerrada, decorada con motivos infantiles.

El plan había sido mío, pero en su momento no había pensado que la tarea que me había asignado a mí misma no era para mí. Me había precipitado producto de la ansiedad y la presión y ahora debía llevar a cabo esta tarea si quería que todos saliéramos vivos de esta. 

—Sólo respira —Chris me miraba como si temiese que me fuera a desmayar. Sabía que estaba exagerando; no era tan grave.—Pide hablar  con Niko y Tess y listo.

Sólo que me ponía nerviosa hablar con la gente, aunque sabía que le agradaba a los profesores y por eso me había ofrecido a hacer esto. Hundí un segundo el rostro en su hombro, sacándole una risa. Me acarició ligeramente el cabello antes de que desconectara mis pensamientos y me volviese raudamente hacia la puerta. Chris se quedó a mi espalda, dándome apoyo silencioso.

Me quedé de pie, retorciendo mis manos, hasta que la profesora abrió la puerta. Era una señora mayor,de baja estatura y de mirada dulce, perfecta para estar a cargo del cuidado de los más pequeños.

Me quedé un segundo en blanco, sin saber que decir.

—Hmm... ¿Puedo sacar un momento a mis primos?—pregunté, aunque más bien sonó a súplica.

—¿Quiénes son tus primos? —su tono fue algo más duro de lo que había pensado.

—Nikolai Hampton y Tess Akros-Merrick. Necesito conversar algo urgente con ellos.

Lo único que oía era el "tic toc, tic toc" en mi cabeza. Me sentía más indefensa aquí, en la primera planta y a dos pasos de la entrada al bosque que en cualquier otra parte. Percibía la presencia vigilante de Christian atrás mío, y a pesar de que sí ayudaba un tanto a calmar mi temor, no lo anulaba por completo.

La profesora me repasó con la mirada una vez antes de voltear hacia la colorida sala en que estaban los pequeño y llamó a "mis primos". A través de la puerta entreabierta alcanzaba a ver las paredes estaban decoradas con trenecitos de números y alfabetos y los niños estaban sentados en almohadones de distintos colores sobre el piso.

Me giré a ver a Chris. Me dirigió una sonrisa alentadora, pero veía el nerviosismo y el miedo en sus ojos.

—¡Annie! —una vocecita aguda perforó el silencio. Un par de bracitos delgados rodearon mis piernas y entonces bajé la mirada.

Ella era una de las razones por la cuál necesitaba que Necesitaba que Chris estuviese conmigo.

La pequeña se separó de mí y Niko le tomó la mano para que no fuera a caerse debido al desequilibrio que le provocaba la avanzada prótesis que tenía en su pierna derecha.

Tess Akros-Merrick era una niña huérfana que vivía en un hogar de niños de Nueva York, en el cual Heather era voluntaria y al cual dedicaba grandes sumas de dinero de la empresa de su familia. Tess perdió a sus padres a los dos años, en un accidente en la nieve, aunque nadie conocía muy bien las circunstancias de los sucesos. Nadie sabe tampoco cómo sobrevivió.

Supongo que los milagros existen.

Heather nos contó que todos estaban impresionados cuando llevaron con vida a aquella pequeña niña con unos enormes ojos castaños llenos de miedo y su cabello rubio cenizo al orfanato. Ella se hizo cargo por años del tratamiento de Tess, ya que una vez que la rescataron del lugar tuvieron que amputar su pierna derecha y tuvo que aprender a caminar de nuevo, con la prótesis que Heather pagó. Heather la convirtió en su protegida e iba a visitarla una vez al mes, hasta que un tiempo después de llegar a casa se enteró de que unos vampiros amigos de la familia, Dorian Akros y Carter Merrick, deseaban adoptar. A los cinco años Heather la presentó a Carter, quien la quiso de inmediato y luego conversó con Dorian, que también quería a su hija. Hicieron los trámites y poco después Tess se fue a vivir con ellos; ella estaba feliz por tener una nueva familia y ellos estaban felices por tener a aquella pequeña tan fuerte y especial a su cuidado.

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