Noche de lluvia en la ciudad

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Ella va camino a casa, un chubasco sorpresivo, un chico amigable.
***

Salgo del estudio de arte, ha sido un día pesado. Suena un trueno, me sobresalto y veo el cielo, está de un hermoso color gris, sonrío para mi misma; adoro los días de lluvia. Comienzo a caminar, voy sintiendo las gotas empapar cada parte de mi poco a poco, no me importa, me detengo. Me estiro y dejo que la lluvia se lleve mis pesares. Tocan mi hombro. Volteo y veo a un chico con sombrilla.

-¿Todo bien? -Sonríe, sus bellos ojos marrones me cautivan, siempre me ha gustado ese color de ojos.

-Si. -Le correspondo la sonrisa.

-Te ves... mojada.

-¿Por qué será? -Contesto sarcásticamente, suelta una carcajada.

-¿Te acompaño?

-No, vivo cerca puedo caminar.

-Pescarás un resfriado.

-Valdrá la pena.

-Vamos, quiero pasar más tiempo con una chica como tú.

-¿Es así como ligas?

-Normalmente no, pero se ve que necesitas un caballero. -Me ofrece su brazo, lo tomo y me refugio bajo la sombrilla.

-Así que te gusta la lluvia...

-La adoro, siento que es como la expresión del cielo, siento que nos muestra otra faceta en la que no todo es alegría y colores alegres.

-Pero los días de lluvia son obscuros y melancólicos.

-Exactamente, es el tiempo perfecto para quedarte en casa y pasar tiempo familiar o para los artistas es una enorme fuente de inspiración. Simplemente es... indescriptible.

-¿Eres artista?

-¿Por qué lo preguntas?

-Se nota por la manera en la que hablas. -Me mira seriamente y comienza a reír.- Es broma, te vi saliendo del estudio.

-Con que me estuviste acosando, eh.

-No suelo encontrar chicas tan lindas por la calle. -Nos acercamos a una calle donde un saxofonista toca.- ¿Me concede está pieza, señorita?

-Estás loco. -Sin embargo tomo la mano que me extiende, comenzamos a bailar al ritmo de la melodía.

-¿Te digo algo raro?

-Adelante.

-Haces que me de hambre.

-Eres buenísimo ligando. -Río.

-¡Lo juro! Me recuerdas a comida. -Volteo la cara aún riendo.- Tus ojos me recuerdan a un par de avellanas y tu cabello a la pimienta. -Cuando termina dejamos un billete y seguimos nuestro camino.

-No me has dicho tu nombre.

-Ni tu el tuyo.

-Vamos dime.

-Te vas a reír.

-Juro no reírme. -Pasamos por la calle que da a mi casa, me detengo.

-Mi casa está justo ahí. -La señalo.- Será para la próxima. -Me alejo, cuando voy a tomar el pomo de la puerta está detrás de mi tomando mi mano.

-Dime.

-Cinnamon. -Volteo la cara.

-Es... especial, Cinnamon, un gusto yo soy Blake.

-Buenas noches, Blake.

-Descansa, Cinnamon. -Cierro la puerta y me siento con la espalda recargada en ella, siento como un papel se desliza por ella. Lo tomo y tiene un número, rápidamente busco una pluma en mi bolso y corto un pedazo en blanco de la misma, anoto mi número y la vuelvo a pasar. Pasan unos segundos cuando me llega un mensaje.

¿Me extrañaste estos segundos?

Sonrío a la pantalla y me paro, camino a mi habitación y ya ahí seguimos hablando.

Luz de mi soledadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora