Capítulo #3

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ATENCIÓN: Recomiendo empezar a leer el capítulo escuchando esta melodía: http://www.youtube.com/watch?v=VFjyvDOnPdw (Harry Potter & The Goblet of Fire Soundtrack-Track 01 The Story Continues) 

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Tomé el mapa y me ubiqué en donde estaba. Aunque no lo necesitaba, mi cuerpo antes de siquiera notarlo se encontraba caminando en la dirección correcta. Guardé el mapa y apresuré el paso al escuchar la voz en mi cabeza decir en un susurro.

“Más rápido…”

Joder, esto ya es familiar…Ya he pasado por esto…detente.

Pero la voz en mi cabeza era más fuerte, más apremiante.

“Deprisa…el chico del abrigo gris te está mirando…gira a la derecha.”

Miré por el rabillo del ojo que efectivamente un chico, el cual se recostaba en una pared, me miraba. Seguí los consejos de la voz y giré a la derecha.

“Te verán…no deben verte.”

 ¿Acaso hay tantos curiosos? Solo camino hacia la librería…

“Ocúltate en el bosque.”

 No puedo, está prohibido.

“No te verán.”

No me importa. No pienso arriesgarme. Lo que menos necesito es meterme en líos con Megara.

“Bien. Entonces solo ocúltate en cada sombra que veas.”

Hecho.

Me oculté bajo todas las sombra por las que pasaba, de árboles, de paredes, techos. De lo que fuera. Y de repente comencé a sentirlo. Algo extraño, demasiado extraño. Mis huesos se habían congelado, pero mi piel subía de temperatura, contrarrestando, y sintiendo en mi cuerpo un pequeño ardor. Esto crecía a menudo que me acercaba al lugar.

 ¿Qué hay en la biblioteca?

Pregunté al vislumbrarla. Era un pequeñoedificio de tres pisos pintada de un color rosa salmón, y encapotada por un techo de baldosas negras.

“Nada. Sigue caminando.”

 ¿Qué?

“¡Corre!”

La voz aulló en mi mente de tal forma que ni siquiera pude, o quise, preguntar el motivo. Eché a correr entre las sombras y pasé de largo la biblioteca, mientras aquella atmosfera extraña me consumía y hacía que jadeara de dolor, comencé a rascar mis brazos con desesperación, lo que sentía era sombrío, tortuoso…

Y aterrador.

“¡Corre! ¡Más deprisa! ¡Rápido!”

Gritaba la voz con urgencia.

 ¡Eso hago! ¡Eso hago!

Respondí cubriendo mis oídos con mis manos, como si con eso dejara de sentir la desesperación en mi mente. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué no me detenía?

“¡No lo suficiente!”

Miré al frente y me quedé helada dejando mis brazos caer, solo había un denso bosque cuyo trecho estaba marcado por pequeñas equis.

No podía detenerme. Pero no quería continuar.

“Entra allí…ya casi… ¡Apresu…!”

Y entonces la voz se desvaneció.

Oro negroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora