Tormenta

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Todo estaba oscuro, muy oscuro. Había una gran tormenta, por lo que el día no se distinguía de la noche.

En la magnitud de esa gran ciudad, se podían distinguir las siluetas de dos mujeres. Las dos compartían un paraguas, cuyo color no se podía distinguir por culpa de la niebla.

Las dos estaban calladas, caminando en dirección a su casa. Una de ellas se paró de repente, haciendo que la otra también se quedase quieta, esperando a que su acompañante  volviera a caminar.

ーEy, ¿qué te pasa? ¿Nos vamos a casa o qué? ーpor alguna razón Emily estaba borde con su amiga, cosa que ponía mas nerviosa a la otra.

ーN-nada, es solo que... ーdijo, con las mejillas sonrojadas y mirando hacia el suelo.

 ーEs solo que... ーrepitió la rubia, esperando una respuesta.

Julieta estaba decidida, no sabía el porqué, pero tenía un impulso que le obligaba a decírselo. No era el ambiente perfecto, pero había perdido todas sus inseguridades.
Al fin cumpliría con la meta que se propuso, el decirle a su amiga lo que sentía por ella desde hace ya tiempo. Durante todo el camino ella estaba buscando las palabras perfectas, y como ya las encontró, las soltaría.

La tormenta seguía, se podría decir que cada vez con más fuerza, haciendo que Emily se impacientase más de lo que ya estaba.

ーOye, está lloviendo mucho, así que mejor sigamos caminando antes de que empeore ーle dijo a Julieta, cogiendo firmemente el paraguas y volviendo a retomar el rumbo en el que estaba hace rato.

ーEmily... ーla llamó, para que así pudiera escuchar todo lo que iba a decir.

ーJulieta, si quieres mojarte, mójate tú sola, pero después no me vengas con que te has resfriado o queー

ー¡M-me gustas, Emily! ¡Me gustas m-mucho! ーLogró decir Julieta,  después de tanto tiempo, cortando las palabras de su amiga. Estaba sonrojada, y mojada hasta los pies por la tormenta, la cual empeoró dicha esas palabras.

Emily, de la impresión, dejó caer el paraguas, mirando a su amiga con cara de confusión, quién después se tornó en una de asqueo.

ーTú... ¿Estás bromeando, cierto? Dime que esto es una broma, y vámonos ya a casa.ー Le dijo, molesta por esa «broma» de parte de su amiga. La tormenta se volvió más oscura, y su potencia aumentó.

ーN-no es... una broma. Lo digo en serio, desde hace tiempo tu me gustas ーle respondió, decidida, aunque con las lágrimas a punto de salir de sus ojos.

ーN-no me lo creo...

ーPues creételo. ーdijo, mirando a la cara a su amiga. No sabía dónde, ni cómo, ni el porqué, pero el cuerpo de Julieta fue poseído por una gran determinación que no le haría dar vuelta atrás.

Emily se alejó de ella, con una cara más asqueada que la anterior.

ー¿Estás loca o qué?  ¿Por qué me cuentas esas mierdas? Que crees, ¿qué te voy a corresponder? ーEsas palabras tan hirientes hicieron que Julieta se arrepintiese cada vez más de lo que hizo, con la cara llena de lágrimas, que por la lluvia eran difíciles de distinguir. La determinación que tenía se esfumó, contenta con el resultado de esa broma de mal gusto que acababa de cometer ー Pues no. En serio... me das asco. ¿Cómo puedes...? Argh, vete a la mierda. Me dan igual tus sentimientos estúpidos, aléjate de mi. No quiero volver a verte ーdicho esto se fue, recogiendo el paraguas y dirigiéndose, de nuevo, a su casa.

Julieta se derrumbó dichas esas palabras.  Como si hubiera recibido mil balazos, se desplomó en el suelo, llorando y gritando su nombre, destrozada por todo lo que su «amiga» le había dicho. Ella temía que eso llegase a pasar, y fue exactamente lo que ocurrió.

Soñando Con La LluviaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora