Especial final: el Cesaro y el Wade se conocen.

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Era un nuevo día para el pequeño Antonio Cesaro. Iba re feliz de la mano de su mamita al colegio donde comenzaría la tortura eterna de estudiar por doce años, y de seguro como el Cesarito era medio hueón iban a ser trece.

Bueno, el pequeño Cesarín no sabía que ese año su viejo iba a tratar de matarlo en las fondas por botarle la chicha en la rueda de las tacitas ni tampoco que le dijera cruelmente que el viejito pascuero no existía en plena navidad, pero en el fondo sabía que sería un buen año en el colegio:
-Cesarito, si me lo huebean mucho yo ya le dije- le advertía su mami mientras le arreglaba el vestón -le saca la chucha a los cabros culiaos no más-

-No creo mamita- dijo antes de que sonara el timbre -pero igual cualquier cosa les pego-

-Ya cosito- la mamita le dio un besito en la frente y lo dejó en la portería -y na de decir garabatos-

El Cesarín asintió y se fue pa dentro del colegio. Al principio estaba medio confundido, pero una tía con delantal verde lo guió hasta la fila del kinder. Lamentablemente el Cesarito tuvo que ponerse al final de la fila porque era el más alto.

Y ahí estuvieron escuchando los discursos hueones del director, como presentaban a los profes y diciendo que tenían clases hasta las doce del día.

Acabó el huebeo y todos se fueron a las salas. El Cesarito vio una mesa roja al fondo de la sala, así que se sentó ahí solo porque nadie quizo hacerle compañía:
-No voy a tener amigos nunca- pensaba mientras dejaba su mochila de Mickey encima de la mesa.

Cesarito veía como los otros pendejos hablaban y hablaban y él estaba solo. Creía que se quedaría solo el resto del año cuando vio que otro niño se iba de una mesa mientras los otros cabros chicos le gritaban que era tonto.

El pequeño Cesaro vio como ese niño buscaba desesperado un lugar vacío, pero nadie lo dejaba sentarse o todas las mesas estaban llenas.

Y como Cesarín estaba solo y había una silla libre, lo invitó a sentarse:
-¡Oye niño!- gritó, pero el niño no lo escuchaba -¡niño de la mochila de Mickey!-

Y ahora el niño se dio vuelta:
-Ven, hay un puesto vacío-

El niño, que tenía su misma mochila, se acercó y preguntó:
-¿En serio?, ¿no me estás molestando?-

Cesarín negó y movió la silla para que viera que el niño viera que no lo huebeaba:
-No, quédate aquí no más- el niño se sentó aún un poco nervioso -oye, tenemos la misma mochila-

El niño le sonrió no más:
-Si, ojalá no nos confundamos-

-Oye, estás como nervioso. Me llamó Antonio Cesaro, pero dime Cesaro no más-

Ahora el niño desconocido parecía más tranquilo:
-Me llamo Wade- dijo -mi papá quería ponerme Facundo, pero mi mamá dijo que era nombre de feriante y me puso Wade-

-Oh, a mi también me querían poner Facundo- dijo el Cesarín asombrado -pero mi mamá me quería poner así, mi papá decía que era nombre de huaso y me pusieron Antonio, aunque no me gusta mucho-

El pequeño Cesaro vio que el pequeño Wade ya no estaba tan triste:
-Oye Wade, ¿seamos amigos?-

-Bueno- contestó sonriendo -eso si, ojalá seamos amigos para siempre-

***

-Mami- el Cesarito dejó su tenedor a un lado para poder hablar -con el Wade tenemos que hacer una disertación y como tú no me dejas ir a otras casas quería saber si el puede venir para acá-

La mamita del Cesaro miró al papa del Cesaro:
-El niño tiene razón- dijo ella -dejemos que traiga al amiguito no ma-

-No oh, ¿y si es de esos cabros culiaos desordenaos?-

No Tengo Ni Uno (WWE Chilensis) #TBWWEC2017Donde viven las historias. Descúbrelo ahora