Capítulo 6

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Día dos.

No pegue un ojo en toda la noche. Mi mente divagaba entre buscar un nuevo asistente o enfrentar las siguientes semanas por mi cuenta. Era muy complicado tener que dejar entrar en mi vida a un desconocido. No era algo que tomaba a la ligera. Era muy desconfiada y no solo porque todos me habían dicho que debía serlo desde que puse un pie en esta ciudad, sino por experiencia de primera mano. Durante algún tiempo viví en lo que se puede llamar una pensión para jóvenes aspirantes a la actuación que venían desde muy lejos a probar su suerte. Fue ahí donde mi querida compañera de cuarto Emily, a quien nunca olvidare, me traiciono por un papel de extra en una serie de televisión que alguna vez tuvo éxito. Pero no se detuvo ahí, tomo mi lugar en al menos otras cinco audiciones y me robo otro papel en un rol secundario de un filme independiente. Fue entonces cuando me di cuenta de que revisaba mis contactos, llamadas y mensajes para quedarse con mis posibles empleos. Y pensar que era una chica de campo. Realmente me vendió su apariencia de ingenua y come libros. Desgraciadamente no fue la única vez que algo así me ocurrió. Otra gran anécdota seria mi madre y sus grandes ocurrencias pero es una historia para otra ocasión.
Estiro mi brazo y busco mi celular debajo de la almohada. Entreabriendo mis ojos a duras penas espió esos cuatro números que me cuesta distinguir con mis parpados aún pegados.
04:48 A.M.
No es muy alentador. Ya casi es hora de levantarme pero hoy es ese día que me gustaría quedarme en cama y no hacer absolutamente nada.
De todas maneras no me quedare por mucho tiempo porque escucho como la puerta de la entrada principal se cierra de un portazo.
¬ ¿Qué? – Me siento en la cama como un resorte suelto tratando de que mi corazón no se salga por mi boca. - ¿Quién carajo esta allá abajo?
Corro las sabanas hacia un costado y muevo mis pies hacia el suelo uno por uno con mucho cuidado. ¬Despacio Milha, Despacio. - Y camino en punta de pie hasta la puerta de mi recamara. Siempre la dejo abierta. No me parece buena idea cerrarla para dormir, aunque si lo pienso bien, desde que compre esta casa jamás la he cerrado.
Escucho algunos pasos que parecen dirigirse a la cocina o al comedor. ¡No lo sé! Por más que me asomo no alcanzo a distinguir nada más que una sombra que se aleja.
¿Quién puede ser? Beatrice hoy no viene a trabajar, los chicos de seguridad no entrarían pero tampoco dejarían entrar a cualquiera...eso quiero creer. Mi familia, a quienes solo veo en "ocasiones especiales" viven del otro lado del país y jamás aparecerían de la nada.  Jacob volvió hace unos días pero no puede ser él porque mandaría un mensaje primero. ¿Mi agente? No, él está fuera de la ciudad. ¡Dios! ¿Quién más sabe dónde vivo? ¿Nozu? Quizás abandono a John en cuanto se dio cuenta de lo ridículo que se veía en traje de baño. Después de todo el muy tonto no posee absolutamente ningún encanto. Pero no puede ser ella. También me llamaría para avisarme antes. Es muy educada. ¡No! Dime que no es Galean. Quizás voló en pedazos la casa de Nozu y ahora necesita un lugar para quedarse. No. ¡No! Venir a mí sería su última opción. Dios. ¡No puede ser! ¡Se agotaron todas las opciones!  ¡Lo único que queda es que sea un fan obsesionado que vino a matarme o a violarme y luego a matarme! ¡O peor aún! ¡A matarme primero y luego a violarme! ¡Dios! ¡Hay mucha gente enferma allá afuera!
¡Suficiente! Voy hasta mi closet y busco detrás de mis bolsos mas caros. El bate descolorido aún me recuerda todos los malos momentos que pase durante mi infancia tratando de pegarle a la bola. ¡Sí! ¡Soy pésima para el deporte! Pero estoy segura de que esta vez podre atinarle sin fallar. ¡Aquí voy! Salgo de mi recamara y con mi espalda contra la pared desciendo gradualmente por los escalones. ¡Maldita sea! ¿Por qué es tan larga esta estúpida escalera? Saltó los últimos tres peldaños hasta el piso sin romperme el cuello. Me congelo porque el ruido que hice resonó en la sala pero no hay respuestas del agresor. Puede que sea sordo. El intruso o intrusa se encuentra en la cocina. Puedo escuchar ruidos de envolturas uno tras otro mientras alcanzo el comedor. El comedor y la cocina están separados por  una gran pared que deja estrechos pasillos abiertos tanto a la izquierda como a la derecha, comunicando ambas habitaciones.  ¡Dios! ¡Ese ruido otra vez! Es muy molesto. ¡Suficiente! Le voy a dar para que tenga. En ese momento saco mi lado  Sigourney Weaver en "Alien 2" y armándome de coraje, doy un salto hasta la habitación contigua. 
¬ ¡Ah! – El completo desconocido pega un grito afeminado mientras deja caer un paquete de frutas al suelo.
¬ ¡¡ ¿Quién carajo eres?!!
¬ ¡Silo! ¡Soy Silo! ¡Tú nuevo asistente! – Dice el manojo de rulos que parece recién entrado en los veinte mientras alza sus manos en el aire.
¬ ¡¿Mi qué?!
¬ Sí, tu nuevo asistente temporal. ¿Podrías bajar el bate, por favor?
¬ ¿Qué? -  ¿Cómo voy a bajar mi bate? Todavía no me dio pruebas que demuestren que él es quien dice ser. Así que ahora lo agarro más fuerte levantándolo aún más alto y lo sacudo en el aire ligeramente. ¬ ¡Quiero ver pruebas!
¬ ¿Qué? – Silo retuerce su rostro y cuerpo entero levantando ambas manos a más no poder.
¬ ¡Quiero pruebas de lo que dices!
¬ Esta bien. Tranquila. A tu derecha, arriba de esa mesita ratonera, ahí deje los documentos que traigo de la agencia que me contrato. Si te fijas, verás que ahí está todo. Una copia del acuerdo de confidencialidad, otra copia del contrato firmada por mí y por tu agente...
¬ ¿Steven?
¬ ¡Sí! Él fue quien se comunicó con la agencia pero no dijo nada de que tú no sabías.
¬ No puede ser. – Estoy bajando  el bate de a poco hasta que me acerco para ver los papeles y ahí está. Esa que veo ahí es la firma de mi agente, Steven. ¬ ¿Pero cómo supo?
¬ Él dijo que era algo reciente y que sería solo durante un mes. Nos mandó una lista de indicaciones por lo que me tome la libertad de comprarte algunas cosas que estaban en esa lista...
¬ ¡Maldito hijo de...!
¬ ¡Lo siento!
¬ ¡No tú! ¡Dios! ¡Claro que fue él! – Mi furia debe haber deformado mi cara porque Silo aquí a mi lado comienza a moquear con una lágrima tras otra. ¬ ¿Pero qué demonios?
¬ ¿Qué?
¬ Que te parece si dejas de llorar y acomodas este desastre. Iré  a cambiarme pero cuando baje por esas escaleras quiero que todo aquí este exactamente como estaba antes porque si no Beatrice, mi ama de llaves, enviara sus matones a tu casa. ¡No a la habitación de tu abuela, ni a la de tu mami, directo a la tuya! ¿De acuerdo?
¬ ¡Sí, señora!
¬ Es señorita, que tenga un par de años más que tú no significa nada. Lo que me recuerda: ¡No olvides el acuerdo de confidencialidad!
¬ ¡No señora! ¡Quise decir señorita!
Doy pasos de elefante hasta mi baño mientras juró que voy a arrancar cada vello púbico de ese oxigenado. ¡Solo espérame Galean! ¡Ya verás!
Cuarenta  minutos después subimos a mi auto. Yo, Silo y el contrato en mi mano derecha.
¬ ¿A dónde vamos? – Pregunta mi nuevo asistente de "repuesto" resaltando el temblor de su tono.
¬ Hoy no iremos a trabajar Silo.
¬ ¿No? – Pregunta aún más atemorizado.
¬ No. – Le respondo tirando de esa palabra como si de un látigo se tratara. ¬ Dime algo Silo... ¿Tú eres gay?
¬ No, no lo creo...
¬ Claro. Si yo fuera tú tampoco estaría segura.
¬ ¿Qué?
¬ Pues hoy te enseñare la razón por la que si deberías serlo. No hay nada peor que una mujer enfurecida.
Silo se limita a asentir sin saber que ocurre y luego se coloca su cinturón sin borrar esa expresión de temor de su cara.
¬ Tranquilo amigo. Nada va a pasarte a ti, solo... no olvides tu contrato de confidencialidad. ¿Ok? – Le guiño el ojo y enciendo el auto sintiéndome  gratificada de alguna forma algo extraña.

Confesiones, inseguridades y locuras de una actriz en ascenso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora