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La sala de estar parecía más una oficina, una oficina desordenada. Varias revistas por ahí y por allá, una laptop sobre la mesa, periódicos deshojandos, bolígrafos y lápices esparcidos y Yuuri caminando por todo el lugar agarrando algo aleatoriamente. Leía con rapidez una revista y la dejaba para leer un periódico al otro lado de la sala, luego se sentaba frente a la laptop y tecleaba, leía y se repetía la acción.
Yurio observaba la zona con confusión, notando que el pelinegro ni de su presencia se había percatado. Su cabello estaba amarrado con una pequeña coleta que le sujetaba pocos mechones y atravesándolos había lápices o cualquier cosa para anotar, el rubio frunció el ceño al ver incluso un gis. ¿Un gis? ¿Para qué? No tenía pizarra.
—¿Qué se supone que haces?
Su voz sonó más grotesca de lo que pretendía, no era un problema ya que el pelinegro estaba acostumbrado. Cualquiera que tratara con Yurio lo estaba.
—Estoy eligiendo qué flores pondrán para la decoración—respondió sin mirarlo y por el contrario tomaba con su mano un periódico y se recostaba para leer el artículo.
El ceño de Yurio se marcó más.
—¿Eso realmente importa?—preguntó en general, no precisamente esperando que él contestara—Tanto escándalo para eso, tsk.
—No lo entiendes.
—Cierto, no lo hago.
Yuuri dejó el periódico a un lado y se enderezó, miró a Yurio por sobre su hombro.
—Esto es realmente importante, Yurio, no puedes regalar una simple flor que encuentras por ahí. ¿Qué significado tendría eso? Debes regalar una flor que te recuerde a la persona a quien se lo darás, que tenga algún significado.
El rubio seguía sin entender, se cruzó de brazos y se sentó con indecencia en el sofá.
No, realmente él no comprendía. Podían poner cualquier estúpida flor y ya, el suceso era el importante no la estúpida decoración.
—Okay—se acomodó para quedar frente al adolescente—, responde esto…—Yurio lo miró con interés—¿le regalarías a tu abuelo una flor pequeña, amarillenta y con tres pétalos?
—Claro que no—respondió automáticamente con molestia.
—¡Ves!—el pelinegro sonrió—Serías muy cuidadoso y selectivo para darle una, ¿no? Ahora imagina una boda, ¿crees que a Viktor le gustará ver flores simples en la iglesia?
La respuesta fue instantánea en la cabeza del chico. Sí, no le importaría, su atención estaría completamente en el pelinegro. Y si la situación fuese al revés, donde Viktor tuviera que elegir las flores para su boda, elegiría la más exótica y hermosa y de igual manera el pelinegro ni notaría el detalle.
Yuuri sonrió ante el silencio del adolescente. Se giró y volvió a su trabajo: encontrar la flor perfecta.