Capítulo 4.

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—Hey, Lunática —dijo el chico sonriendo mientras agitaba la cabeza iluminando los cuernos—¿De qué son estos cuernos?,¿de Snorcram?

Luna negó con la cabeza con aire indulgente y parpadeó, ocultando fugazmente el resplandor de sus ojos azul cielo.

—Todo el mundo sabe que los Snorcram no existen, Terry —replicó ella con paciencia.— Son cuernos de reno.

—¡Oh, vaya! —el chico se encogió de hombros decepcionado hasta que vio a un puñado de alumnos de su casa atravesando el comedor— ¡Eh, chicos!, ¡Miren lo que he encontrado! —exclamó y se alejó corriendo para reunirse con sus amigos.

Para entonces, Theo ya estaba lo suficientemente cabreado —algo inusual en él— como para salir de su refugio tras el árbol. ¿Quién se creía ese tal Boot para quitarle su diadema a Lovegood y largarse con ella?

—Lovegood —dijo con más brusquedad de la que pretendía. Luna se volvió hacia él y pestañeó un par de veces como si estuviera enfocándole.

—Hola, Theodore Nott —le saludó amablemente.

—Boot se ha llevado tu diadema —replicó y acto seguido se sintió estúpido. Luna ya conocía ese hecho.

—No pasa nada —suspiró ella observando los cuernos iluminados de su diadema desapareciendo con Boot y sus amigos al fondo del pasillo.

Theodore se sintió incómodo. ¿Es que a Luna Lovegood le gustaba ese payaso?

—¿Te da igual? —preguntó con prudencia.

—Ya me la devolverá —le explicó Luna volviendo a sus ojos hacia él.— A mí no me importa que se la quede si eso le hace feliz.

El Slytherin sintió un peso en su estómago. A Luna Lovegood le gustaba ese Ravenclaw ladrón.

–La gente se lleva mis cosas a menudo —continuó la chica— Creo que les resulta divertido y yo quiero que se diviertan. Además, al final siempre me las devuelven.

Theodore miró a la muchacha y se preguntó si era posible que existiera alguien tan inocente y tan buena. ¿No se daba cuenta de que la gente se aprovechaba de ella?, ¿Qué se divertían a su costa?, ¿Qué le faltaban al respeto al llevarse así sus cosas?.

Tal vez sí lo hacía, pensó Theodore, tal vez sí se daba cuenta de todo. Pero realmente no le importaba, no porque le gustara Boot o ningún otro, sino porque realmente quería que el mundo se divirtiera, aunque fuera a costa de ella. Porque no le importaba escuchar como se reían de ella, mientras rieran.

Y Theodore, acostumbrado a convivir con los astutos y ambiciosos, con los capaces de todo por el interés propio, no era capaz de concebir semejante bondad en una persona.

—Por cierto —dijo ella sacándole de sus pensamientos— ¿Qué hacías escondido detrás de ese árbol?

Él se metió las manos en los bolsillos de su túnica, incómodo. Pensaba que nadie le había visto, mucho menos Luna.

—Bueno… —carraspeó y abrió la boca para darle alguna excusa, pero ella le interrumpió.

—¿Buscabas Elzohairs? —le preguntó maravillada con una expresión de felicidad tal, que Theodore se sintió extraño.

—Pues… —dio una pequeña patada a una piedra imaginaria.—Sí —mintió.

Luna abrió mucho los ojos y sonrió.

—¿Me avisarás si encuentras alguno?

—Sí —repitió él. ¿Qué podía decir?

Luna le miró a los ojos y sonrió suavemente. Se acercó a él y el olor a cerveza de mantequilla y muérdago inundó el olfato de Theodore. Después, se puso de puntillas y le besó en la mejilla, breve pero firmemente.

—Gracias, Theodore Nott —dijo apartándose. —Feliz Navidad.

Ella se marchó abrazando su libro y Theodore se llevó una mano al lugar donde ella le había besado. Y deseó que le llamara Theo, solamente Theo. Como nadie aún lo había hecho.

La Luna y La Serpiente [Theodore Nott Y Luna Lovegood]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora