3: Melody Clark, la novia infantil

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<Cuando entiendas que el amor no es buscar en una persona lo que a ti te falta, sino alguien que te complemente, que te entienda, que te haga sentir, encontrar esa mirada...donde quedarse a vivir>

Sergio de Sa

Harriet nos miraba de pies a cabeza, analizándonos como si fuésemos nosotros los del problema, sus penetrantes ojos negros causaban una sensación de temor e inseguridad en mí y la manera en que siempre parecía hablar con nadie, pero a la vez con todos me intrigaba. Solté un fuerte suspiro, recogiéndome en un moño alto el enmarañado cabello de rizos, observé a los demás y en sus rostros se evidenciaba lo mismo que yo estaba sintiendo, parte de un profundo alivio y un miedo evidente.

-pudo avisarnos de una manera menos sorpresiva-me atreví a hablar al fin-

-si está aquí sin buenas noticias mejor retírese-espetó de forma molesta el rubio-

-ignore por favor al muñeco de Barbie-interrumpió Adrien un poco más calmado-

-Harriet, él está fuera de control-empezó a explicar la castaña-Thomas no nos reconoce y no sabemos qué está pasando exactamente

-están demasiado aturdidos-habló la mujer de cabellos blancos con parsimonia-bastante perturbados

-¡¿Cómo más deberíamos estar?!-Andy exclamó furioso-¿Bailando de alegría?

-no es tiempo para esto-me apresuré a interponerme entre él y Harriet-necesito que respiren un poco, esto no nos ayudará a salvar a Thomas. Él detestaría vernos así

La tensión se podía palpar en el ambiente, quizás hasta cortarse con un cuchillo, las miradas furtivas iban de un lado a otro, el semblante del rubio no variaba, el azabache se veía inquieto y la castaña desesperada; compartíamos el mismo sentir y, sin embargo el dolor siempre se muestra diferente en cada corazón. Darcy me dirigió una mirada rápida que entendí como "debemos hacer algo ya", después de tantos años de amigas entendernos no suponía un problema, le sonreí levemente dispuesta a obedecer, más, cuando estuve a punto de volver a intervenir aquel sonido agudo volvió a sorprendernos encrespando mis nervios. El estruendo resonó con mayor fuerza incluso y una sombra empezó a correr entre los arbustos; cuando nos dimos cuenta ya estábamos uno al lado del otro aferrándonos a nuestras "armas" otra vez, los pasos se volvieron más insistentes y aunque Harriet parecía de lo más tranquila nosotros soltamos un chillido al ver la figura de Thomas frente a nosotros.

El habla se nos fue, nuestras cuerdas vocales no funcionaron al observar a Thomas, mi Thomas, con los nudillos rojos, la expresión vacía y varios moretones en el rostro. Dolía tanto el verlo de esta manera.

-¿Qué deseas de este joven?-la mujer de orbes oscuros se dirigió hacia él-¿Por qué lo atormentas?

Mordí mi labio inferior, queriendo reprimir las ganas de correr a abrazarlo. Necesitamos ayudarlo.

-este cuerpo me pertenece-una voz oscura, escalofriante y rasposa en nuestros oídos respondió y aunque fueron los labios de Thomas lo que se movieron, no era él-

-Mundus non est-empezó a decir Harriet, mirando directo hacia Thomas-Non enim est sanguine foedus. Mundus non est. Non enim est sanguine foedus

Y continuó repitiendo aquella especie de conjuro antiguo, siguió cantándolo mientras un grito desgarrador escapaba de los labios del de orbes esmeraldas. Nuestras piernas nos mantenían atados a la tierra, incapaces de moverse, sin embargo al ver como Thomas se tiraba al suelo, retorciéndose de dolor y gritando lo que más se permitía todos quisimos impedir que siguieran lastimándolo.

ThomasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora