Ver sus ojos apagados mientras iban de un lado a otro leyendo el documento, que sostenía en sus manos me ponía triste. Su mirada ya no era la misma de antes, pícara y al mismo tiempo intimidante, la misma que me regresó a la vida aquel día en la azotea del colegio.
Aquel día me encontraba en el peor momento de mi vida, sin padres, sin familia, sin un futuro. Y la única opción que creí conveniente fue irme de este mundo. Me encontraba en la orilla de la azotea dispuesta a lanzarme en cualquier instante.
—Esa no es la forma de arreglar las cosas —expresó un chico a mis espaldas.
Me giré asustada y a la vez avergonzada.
—Tú no sabes nada —fue mi excusa, patética, lo sé.
—Tal vez no, pero sé que sea lo que sea puedes salir adelante —sonrió y me quedé congelada con su sonrisa—. Después de la tormenta el sol vuelve a brillar.
Levantó su rostro al cielo y yo lo imité, como por arte de magia los rayos del sol atravesaron las nubes que cubrían el cielo ese día.
Me giré hacia él sorprendida. Él bajó su mirada y estiró su mano hacía mí. Mi corazón latió desenfrenado al ver esos ojos cafés mirándome de una manera que nunca antes había sentido.
Estiré mi mano y al dar el primer paso para bajar no supe con qué, pero tropecé. Por instinto cerré los ojos, no sentir el golpe en el concreto sino sobre algo blando.
Abrí mis ojos grandes al darme cuenta que era el cuerpo del chico, pero los abrí más grandes al percatarme cuan cerca estábamos. Nuestros labios estaban a nada de juntarse dejándome en shock.
No obstante, él parecía no estar tan sorprendido, me miraba con ojos picaros. Y entonces encontré una razón para seguir viviendo.
Y tenía razón, él fue mi sol. Él me ayudó y se mantuvo a mi lado desde entonces. Su familia me dio un techo, comida, ropa, estudios y lo que más agradecí, amor.
Y ahora era él el que se encontraba en una situación difícil. Su padre falleció hace una semana y dejó la compañía a su cargo. Solo que con varias deudas a bancos y muchos empleados necesitados de su salario y de trabajo.
Día y noche sin descanso busca aquí y allá para encontrar una manera de salir y no caer en la bancarrota. Incluso en ocasiones se salta sus comidas. Y por ese motivo ahora se encuentra hospitalizado y yo sintiéndome como un mueble más, inútil y estorbando.
Siento que solo soy un obstáculo, una carga. Porque sé que lo hace por su madre, su hermana y por mí. Si tan solo yo no estuviera sería un peso menos en su espalda.
Las lágrimas fluyen por mis mejillas y me doy cuenta hasta que escucho su voz gruesa algo cansada.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien, cariño? —dice bajando los documentos e intentando ponerse de pie.
—Estoy bien —me apresuro hacia él mientras limpio mis mejillas con mis manos—. No te esfuerces, tienes que descansar.
Le impido que se pare sentándome en la silla a su costado.
—Ya descansé, tú en cambio has estado aquí toda la noche.
Toma mi mano y la cubre con las suyas. Un piquete en el pecho me llega cuando veo sus manos más delgadas, todo su cuerpo ha resentido su falta de alimento y es notorio a simple vista.
No lo soporto más y suelto en llanto. Me abrazo a su cuerpo hundiendo mi rostro en su pecho.
—¿Qué puedo hacer para ayudarte? —digo entre sollozos.
—Así que eso era.
Intenta separarme, pero me aferro más a él.
—Quiero ser por lo menos un rayo de sol que te ilumine —continuo sin dejar de llorar—. Así como tú fuiste mi sol aquel día, pero no sé cómo.
—Basta con que estés a mi lado —me pega más a su cuerpo y deposita un beso en mi cabello—. Eres lo que me mantiene en pie, y no eres un rayo, eres el sol que ilumina mis días más nublados. Lo eres todo para mí, Jinah y eso nunca cambiará.
Como no me respondiste el mensaje lo volví a hacer y está vez escogí la palabra SOL, espero que no haya ningún problema. Son 695 palabras (sin contar el título y estas lineas.
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ONE SHOTS
FanfictionEn éste álbum encontrarás historias cortas (de un solo capítulo) de varios artistas de Asia.