No quedan más que unas pocas personas, entre ellas mis suegros y Jack.
–Es hora de irnos –anuncia Jack –mis padres se encargarán del resto.
Llamamos un taxi, ninguno se siente capaz de conducir sin provocar otro accidente. No queremos más muertes, nadie lo soportaría, yo no lo haría.
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Para que nunca olviden
Short StoryLas mujeres sí pueden llorar. Por lo tanto, las mujeres sí pueden olvidar. El agua se evapora, y con ella, los pensamientos, los sentimientos, y todos los «mientos» que nos mentimos y creemos. Los hombres no pueden. No los dejamos. Para que nunca, n...
