Jack, mi cuñado y mejor amigo, me pone una mano en el hombro para infundirme valor, pero a estas alturas es imposible. Tiene los ojos rojos, todos los tenemos, o al menos quienes la quisieron. Pero nadie como yo, yo la amo.
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Para que nunca olviden
ContoLas mujeres sí pueden llorar. Por lo tanto, las mujeres sí pueden olvidar. El agua se evapora, y con ella, los pensamientos, los sentimientos, y todos los «mientos» que nos mentimos y creemos. Los hombres no pueden. No los dejamos. Para que nunca, n...
