Parte 3

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"-¡Hoy es nuestro aniversario N° 28! ¿No estás emocionado?

-Milo hace 5 años estamos casados, no 28.

-Ya lo se mi amor, pero hoy se cumplen 28 años de aquel hermoso día en que te conocí en ese primer día de jardín de niños.

Se abrazó a mi cintura y me dió un suave pero muy pasional beso en los labios. Cuando se separó de mi, se quedó mirándome a los ojos sin dejar de lado aquella aperlada sonrisa que me hipnotizaba.

-Y tengo muchas cosas lindas planeadas para hoy.

-¿A si? ¿Y cuál es el itinerario de esta noche?

-Primero una romántica cena con un rico postre. Luego vemos una película abrazados en el sofá, con una taza de chocolate caliente en las manos y para terminar, tu y yo desnudos bajo las sabanas. ¿Qué te parece?

Le sonreí. Sus planes no siempre fueron muy elaborados pero siempre eran muy tiernos y especiales.

-Me encanta lo que escucho.

Iniciamos un nuevo beso pero Milo lo detuvo segundos después de empezarlo ya que dijo que no quería adelantar cosas y dejar de lado otras. Además de que había una sorpresa mas que especial que quería darme cuanto antes.

Cenamos en paz, dándonos la mano y fugaces besos que recibíamos con mucho amor.
Para cuando acabamos de cenar, Milo me pidió que preparará el chocolate que él iría a la planta alta a buscar mi regalo mas especial de toda la noche.

Cuando acabé de preparar las cosas, me dirigí a la sala y él ya estaba allí. Estaba sonriente y sus ojos brillaban.
Me senté a su lado y fue cuando noté que tenía un sobre en sus manos. No se por que pero de inmediato supe que eso no traería nada bueno.

-¿Qué es eso amor?

-Es el regalo mas grande y especial que puedo darte y se que también te alegrará verlo.

Me quitó casi de inmediato las tazas de las manos y me entregó aquel objeto. Dudé en abrirlo pero cedí a la presión de su mirada y acabé haciéndolo.
Apenas saqué los papeles, mi sinceridad tuvo que salir a flote.

Creo firmemente que eso es lo que mató a Milo de alguna manera.

-¿Qué significa esto?

-Bueno, ¿Qué no es obvio? Apenas si nos aceptaron pero me dijeron que de dos años no pasará. En dos años ya podremos adoptar a un niño, mi vida. ¿No te pone feliz? Nuestra vida estará completa y perfecta.

Allí estaba de nuevo esa sonrisa que me derretía pero esa vez no le sirvió. Yo sostuve mi mirada fría y distante, dándole a entender que no iba a ceder en ese ridículo pedido.

-¿Te das cuenta de que si traemos un niño a esta casa, todo lo que tenemos va a arruinarse?

-¿Qué quieres decir?

Su bella sonrisa se desapareció apenas le dije eso.

-Milo, se que estas consciente de que aun tienes algunas deudas de estudio por querer seguir estudiando para un doctorado que no ejerces, y yo también estoy hasta el cuello de deudas por los créditos que pedí en el banco para comprar la casa y el auto. No ganamos lo suficiente en el trabajo como para mantener a un niño.

-Pero podemos pedirle ayuda a mi hermano y también a mi padre. Sabes que ellos siempre nos han dicho que no tienen problemas en ayudarnos si lo necesitamos. Por su sobrino y su nieto no tendrán problemas en darnos una mano.

-No le pedirás ni permitiré que tu padre nos de dinero. Bajo ningún termino lo haré.

Las cosas ya estaban mas que tensas. Su mirada reflejaba súplica mientras que la mia era de indiferencia total.

-Camie por favor.- Quiso acercarse a mi pero yo retrocedí. -Esto es lo que siempre quise. Es mi sueño y lo sabes.

-Lo mismo dijiste de tu doctorado y allí esta. Solo junta polvo en un cajón ese maldito papel. Esto no es un sueño Milo, es un mero capricho y lo sabes.- Con mucho enojo arrojé al piso los papeles y le la espalda. -Y yo no voy a complacer mas tus caprichos.

-Esta bien... Como quieras.- La voz, mas que con enojo, le salía con tristeza y dolor. Me cuesta mucho aceptar que ese tono quebrado será siempre el último recuerdo de su voz que tendré. -Pero aunque no quieras serás él que complazca mi último capricho. Y ese es que no quiero verte mas.

Después de decir eso, pasó por mi lado y tomó su chaqueta, para salir de la casa dando un portazo. Yo me quedé unos segundos viendo aquellos papeles un momento pero mas luego los ignoré y subí las escaleras, para irme a mi habitación e intentar dormir."

-¿Qué piensas? ¿Le crees o no?

Unos policías miraban a Camus desde el otro lado del vidrio. El pobre pelirrojo estaba con los codos sobre la mesa, cubriendo lo mas que podía su rostro, pero aún así su llanto se le escapaba de entre sus dedos.

-Es una mierda como esposo pero no esta mintiendo. La máquina lo hubiese delatado.

-¿Entonces lo dejamos ir?

-Claro. Él no tuvo que ver con el asesinato de su esposo. Además de que se nota que le duele la situación, y eso no se puede disimular tanto tiempo.

Ambos oficiales se miraron unos segundos y de inmediato volvieron a la sala donde habían sometido a Camus al detector de mentiras. El francés había pasado aquella prueba sin problema alguno y eso lo descartaba, una vez mas, como sospechoso.

-Bien señor Megalos. -Ser llamado por el apellido de su amado esposo le dolió mucho pero no quería que lo dejarán de llamar así, pues él aun le pertenecía a Milo. -Pasó la prueba. Puede irse y lamentamos mucho el tiempo que le hicimos perder aquí pero ya sabe, debemos de investigar todo lo que podamos.

-Quisiera creerles.- Apenas si susurró eso. -Pero quiero preguntar algo antes de irme, que me gustaría que me respondieran sinceramente y en todo lo que puedan.

-Usted dirá.

-¿Tiene algún avance real?

Los policías se miraron y apenas escuchó como uno de ellos suspiraba y se sentaba en la silla frente a él, sabía que seguían sin nada.

-Lo lamento mucho pero aún no hemos dado con una prueba concreta. Le repito que estamos investigando todas las pruebas que se nos presentan y tratamos de no pasar nada por alto.

-Esperamos encontrar pronto un error en la hecho o una prueba contundente que nos lleve al asesino de su esposo.

Camus solo suspiró profundo y ocultó su rostro entre los cabellos de su flequillo. Sabía que se lo decían para mantenerlo calmado, pero eso no podía ser posible en absoluto. No mientras el maldito asesino del amor de su vida seguía caminando libremente mientras él no tenía con quien compartir sus días.

-Agradezco su esfuerzo. Buenos días a ambos.

Sin decir una sola palabra mas, se puso de pie y se retiró de aquel edificio.
Al entrar a su auto, comenzó a golpear con ira el volante y todo lo que tenía alrededor.

No tenían nada y tenían el descaro de decir que estaban haciendo "todo lo posible" por darle justicia a Milo, cuando sabían que nada de eso pasaría.

Lloró allí todo lo que debía llorar pues frente a alguien no volvería a quebrarse.
Cuando se sintió mejor, limpió su rostro lo mejor que podía, acomodó su cabello y su camisa, y encendió el auto.
Hacía tiempo que quería comenzar a hacer algo por el mismo para encontrar a aquel mal nacido, pero le habían hecho pasar un rato tan amargo que solo se dirigió a su hogar para meterse a la cama y llorar todo lo que pudiera.

Iba a descargar toda esa ira y frustración que sentía para luego si ver por donde empezaba con su propia investigación.

Cacería Donde viven las historias. Descúbrelo ahora