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Con el corazón latiendo mil por segundo, rodeó el cuerpo de Lorena en el suelo cuando oyó a Macarena en un horroroso grito de auxilio. Corrió hasta la Gerencia como instinto para refugiarse junto al Gerente por el asesinato que había cometido,
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pero él estaba en su mejor momento junto a Sofía. Quizás no haya escuchado el tercer disparo del día. Acto esplendoroso meritorio de ser filmado y llevado a las grandes pantallas de estrellas porno, Sofía portaba ya en su cadera las marcas de ambas manos de su jefe que la sujetaba con tal fuerza que la dominaba. Un cuerpo perfecto sumiso a las máximas autoridades de la empresa soltó una vez más la oscura represión de Jimena amenazada por el favoritismo de la Gerencia.
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Clavó el abrecartas de oro que tendía de un pequeño clavo en la pared en el cuello de Sofía, dejando atónito al Gerente que observaba desde no más de un metro de distancia, sin interceder, sin gritar, sin siquiera tener un autorreflejo que empujase con fuerzas a Jimena. Sólo aquel previo movimiento que dejó a la deriva a la nueva víctima, quitando de su interior su desnudo empeño. Sofía viviría retorcida diez minutos más a pies del escritorio del jefe, los más dolorosos de su vida. Al gerente sólo le restaban dos minutos.