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///NITO se preparaba para una súplica de auxilio en sus deberes mientras Jimena bloqueaba todos sus sentidos hacia él. Era la hora indicada y no sólo las agujas lo delataban sino también sus movimientos. La miraba a cada minuto, al simular una visión panorámica de la mesa unos segundos para provocar un cruce de miradas e iniciar así entonces lo que la irritaba seriamente. Una planilla de cálculos y unos certificados muy complejos que demandarían no menos de dos horas de trabajo. Nito no sabría realmente cómo resolverlo y así buscaba el camino más fácil de ejecutarlo.///
En el pecho de la chica de rulos rubios se amontonaba junto al odio la irritación de que le hablen despacio sobre un tema que terminaría en una pregunta que ya conocía, una pregunta con piel de cordero que mostraría sus colmillos del abuso y la falta de respeto. La pregunta que se hacía extensa con tonadas y expresiones burdas, intentos de gracia en momentos que ella estaba apresurada en terminar un informe. Y así escuchaba los pasos acercarse y detenerse detrás de ella, muy próximos, para comenzar a moverse cerca muy cerca y luego a hilar estúpidas palabras... a punto de estallar... ¡¡¡PREGÚNTAME YA MALDITO HIJO DE PUTA!!!
///JIMENA se deslizó por un pasillo totalmente angosto que finalizaba en una ventana queabría y saltaba por ella desde pequeña. Corría por el campo de sus padres, uncampo con un maíz sembrado apenas por algunos días, de buenos y prometedoresbrotes. Ella corría disfrutando cada pisada por la tierra de la regiónpampeana, viendo hacerse más y más grande la casa de blanco que vencía elhorizonte y se acercaba a ella. Allí esperaría todo lo indispensable pararefrescarse y planear un día entero con sus hermanos y primos en el campo de sujuventud. Mientras corría evitando pisar los brotes en su mente, su cuerpo sehacía cada vez más fuerte.///
Jimena vio por última vez con vida a Nito cuando éste le colocó sobre su taza de café unos papeles de tamaño oficio con unos cuantos sellos y firmas. Luego vino el campo de maíz y entonces fue el rostro de Nito muerto, impactando sobre su propio teclado salpicando su sangre aún más por todo el escritorio y los papeles ya desparramados. Todo caía y rebalsaba formando una catarata roja hasta llegar al suelo. Aún los ojos contenían algún reflejo pero la vida de Nito ya estaba muy lejos del lugar. Habría bajado o bien subido algunos pisos para poder verlo todo desde lejos. Y ella, ella lo habría golpeado en la frente con la lámpara maciza o bien con la engrapadora que databa de los 90', grande como dos puños y pesada como un viejo monitor de PC. Jimena nunca iba a recordar esos segundos, ni tampoco le importaría hacerlo. Nito no se preocuparía nunca más por sus deudas.