oda a la nada.

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Me derrumbo
sin saber
razón del momento.

Me deshago,
me ahogo.

Sin saber a qué
o a quién
escribo.

Querría escribirme a mí,
únicamente,
como alivio a la ansiedad
que me provoca
nuestra mera existencia.


Querría mandarte
una carta,
con un aroma,
que recuerde
a estos días que no puedo sacar de mí.

Querría escribir directamente
lo que dice mi cabeza,
pero es imposible
dirigir letras a alguien
si ni siquiera sé dónde yo estoy.

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