eight

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Joohyun sonrió mientras que sentía como su madre comenzaba a peinarla como si fuera una niña pequeña de nuevo.

La madre de la morena había estado intentado sacarle algo de información a su hija desde el martes, para intentar descubrir quien era la misteriosa chica de la que hablaba a menudo y con la cual había quedado ese mismo día, pero su hija no le había dicho ni una sola palabra.

A la menor de los Bae le gustaba mantener su intimidad, incluso con su familia y con Seungwan, era una chica muy suya por decirlo de alguna manera.

Joohyun estiró su mano y notó como su madre le había trenzado el pelo y se lanzó a sus brazos dándole un apretón mientras que su madre ahora empezaba a reír.

─Hazme un favor y no me mates todavía.─La morena rió apartándose de su madre mientras que esta la miraba con cariño.

─Tu hermano tenía razón cuando decías que te parecías a mí, pero espero que sea solo físicamente.─Joohyun miró con pena a su madre y le retiró de la cara una lágrima que acababa de salir de sus ojos.

─Mamá, eres la mejor en todo lo que haces, conseguiste levantarte y sacarnos adelante, ojalá me pareciera a ti y fuera tan fuerte como tú lo eres.─La madre de la chica cerró los ojos y una sonrisa apareció en su rostro haciendo sonreír a Joohyun también.

─Prométeme una cosa.─La morena escuchó atenta a las palabras de su madre y cuando esta acabó rió asintiendo.

─Lo intentaré.─Dijo y su madre dio un par de palmaditas en señal de alegría mientras que Joohyun salía al jardín a regar sus flores escuchando la voz de su madre de fondo como solía pasar siempre.

La morena se agachó un poco y después de acabar aquello, centró su atención en el regalo que le había traído su hermano de Ámsterdam. No pudo evitar sonreír cuando vio que un pequeño tallito ya había empezado a florecer y deseó internamente que creciera sano y fuerte como el resto de sus flores.

Aquellas semillas había cobrado un significado especial para Joohyun. Cuando su hermano le entregó el pequeño paquete salió casi automáticamente al jardín de su casa a plantar las seis semillas que su hermano le había traído.

Y pasó lo que hacía años no pasaba en la casa de los Bae, qué tanto su madre, como su hermano y ella acabarán sentados en el jardín llenos de tierra, riéndose y disfrutando de la vida sin importarle nada mas. El último recuerdo que tenía Joohyun de eso era de cuando tenía 9 años y este recuerdo también lo guardaría igual de bien que el antiguo.

Para su sorpresa también, el color del envoltorio de las semillas, presentaba unas flores de color naranja y encontrar flores naranjas en Korea no era muy habitual, pero su hermano se las había traído porque sabía la enorme pasión que su hermana tenía por las flores, sobretodo por los tulipanes.

Y es que aquel color le hacia recordar a Seulgi y la morena pensaba que no había mejor color para representar a la chica. El tulipán naranja significaba entusiasmo, pasión, alegría y eran adjetivos que iban de la mano de Seulgi.

Joohyun se levantó recogiendo algunas cosas del jardín y se preparó para irse. Se lavó las manos, agarró su mochila, se despidió de su madre y por último tomó cuatro flores de su jardín poniéndolas en una bolsa de cartón con cuidado, dirigiéndose a su encuentro con la pelinaranja y inconscientemente sonrío porque llevaba esperando aquello mucho tiempo.

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Seulgi se mordió el labio de nuevo mientras que veían como su pierna se movía de arriba a abajo prácticamente casi sola.

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