Papá.

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Hace dos días desperté llorando, no sé qué soñé, pero recordé a mi padre, y más que eso, recordé que lo extraño.

No suelo llorar por esas cosas, trato de hacerme al que nada le afecta, la roca, la piedra... pero ese día, era día sábado, pues ese sábado, las lágrimas caían gruesas y pesadas, y caían rápidamente. Yo no hacía ruido alguno, aunque de vez en cuando lidiaba con los mocos.

Parecía que nadie me escuchaba, mi hermana estaba ahí, bajé y mi hermano estaba ahí... pensé que tal vez seguía dormido, pero no.

Mis lágrimas mojaban mis piernas cuando me sentaba abrazandolas, bajaban, esperaban en mi barbilla y ¡plop!, caía una o dos.

Lo extraño, aunque no lo diga.
Y odio, que cuando lo diga no le importe.

Extraño aquel padre con el que podía jugar, extraño a mi papa... extraño que duerma en casa, extraño verlo llegar, extraño tener un ejemplo a seguir, y odio que esté ya no lo sea.
Extraño sus llamadas, extraño que venga a casa los fines de semana, también extraño cuando no dudaba de él.

Sé que él nunca me entenderá en esto, y puede que solo se ponga a pedirle a Dios para que cambie o entre en razón, así que él nunca lo sabrá.

Pero... nada, sólo lo extraño y ya...

 nada, sólo lo extraño y ya

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Ser Yo; Transgénero.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora