Capítulo 9

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Narra Anabella.

- Ana... ¿Que pido para cenar?

- ¡Da igual!

Me puse mi pijama y peine mi pelo mojado.

Me di la vuelta, teniendo una hermosa vista de Orleans. Íbamos a estar acá unos días y luego iríamos hacia París.

Salí al balcón y suspire. Estaba cansada por el viaje, pero valió la pena el cansancio.

Sentí las manos de Juan Luis en mi cintura. Sonreí y me di la vuelta.

- Sos hermosa...

Me acerque mas y le di un corto beso.

- Me encantas...

- Y tú... Tu a mi.

Sonrió y me abrazó.

- ¿Que pediste para cenar?

- Hamburguesas. No se me ocurrió otra cosa.

- Vaya, Londoño rompiendo su dieta.

Reí a carcajadas.

- Sigue riendote tranquila, después cuando te castigue no te quejes.

- Hace rato no lo haces...

- Y no lo repitas. Porque lo haré

Reí y lo besé. Pero fue interrumpido porque alguien tocaba la puerta.

- Yo voy.

Juan me soltó y fui a abrir. Era la comida. Le pagué al chico y la llevé a la cama.

- Era la comida.

Le sonreí a Juan. Asintió y se levantó para comer.

Luego de eso, ambos caímos dormidos.
*

- ¡Anabella!

Jadeo Juan mientras el agua caía sobre ambos. Seguí con él hasta que llegó a su orgasmo.

- Volteate.

Lo hice. Ahora lo sentí a él acariciarme. De repente, dos de sus dedos entraron en mi, a lo que gemí bastante fuerte.

- Juan...

Me sostuve de la canilla para mantener el equilibrio. Las paredes mojadas de la ducha no iban a ayudar en mucho.

- ¡Ah! Me Quemaste.

Abrí el agua fría nuevamente.

- Lo... Lo siento.

Me pellizcó. Grité del dolor.

- Primero vuelcas café sobre mi entrepierna... Luego me quemas con el agua... ¿Es a propósito o quieres escapar del castigo?

- Quería escapar...

Escuché su risa. Di vuelta la cabeza, lo suficiente para verlo.

- Quieta.

Voltee nuevamente a la pared. Agarró mi pelo y se lo enroscó en la mano y tironeo mi cabeza hacia atrás. Me dolió, pero trate de no gritar. Entró en mi bruscamente, seguía tironeando mi pelo.

- Ay...

- Silencio.

Su voz era ronca, su respiración entrecortada.

- Voy a correrme...

Murmuré.

- Hazlo.

Al cabo de unos minutos, lo hice. Me soltó e hizo que lo viera.

- Esto no termina acá, cariño.

Sonreí.

- Quiero hacer algo yo...

Cerró las canillas y me miró.

- No vas a montarme, Ana.

- Maldito.

Salí de la ducha y puse una toalla en mi cuerpo.

- No es eso, lo haras en otro momento. Vamos a hacer un 69, así que no te vistas.

Me sonroje y saqué la toalla de mi cuerpo. Sequé mi pelo con la misma toalla.

- Ve a la cama... Quiero preparar algo antes.

- ¿Me trenzo el pelo?

- No hace falta.

Me fui a la habitación y me acosté en la cama. Me sentia curiosa por lo que podria hacer Juan. Porque no sólo sera el 69. Lo conozco.

Y de hecho... No lo fue.

Narra Juan.

- Ana...

Me miró y sonrió.

- ¿Te lastimé mucho?

- Solo unos cortes en el muslo... No es nada.

Miró hacia otro lado. Suspire y me acerqué a ella.

- Muestrame las muñecas...

Lo hizo. Pude ver la marca de mis manos en ellas.

- El pecho...

También estaba marcada. Por mis manos y la fusta.

- Los muslos...

Se volteo. Pude ver sus cortes y marcas.

Me alejé de ella. Mis ojos se humedecieron.

- Juré no lastimarte mas...

Las lágrimas cayeron.

- No... No llores.

Se acercó, pero me aparte.

- No... No quiero hacerte mas daño...

Voltee y caminé a la pequeña cocina. Ella venía tras de mi.

- Juan no estes así, estoy bien.

- Sigo dañándote. -Golpee una pared- ¡Soy un monstruo!

Seguí dándole golpes a la pared. Hasta que sentí sus manos en mi cadera y me vi obligado a dejar.

- Te estas dañando tú... Para...

Miré mis manos. La sangre caía por mis nudillos y vi un hueso de la mano fuera de lugar.

Me di la vuelta y suspire.

- Me saque un hueso de lugar, iré a un médico. Quedate acá, no tardare.

Besé su frente y salí a buscar algún centro medico.

Me siento la peor persona del universo.

50 Sombras LiberadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora