Narra Anabella.
- Ana... ¿Que pido para cenar?
- ¡Da igual!
Me puse mi pijama y peine mi pelo mojado.
Me di la vuelta, teniendo una hermosa vista de Orleans. Íbamos a estar acá unos días y luego iríamos hacia París.
Salí al balcón y suspire. Estaba cansada por el viaje, pero valió la pena el cansancio.
Sentí las manos de Juan Luis en mi cintura. Sonreí y me di la vuelta.
- Sos hermosa...
Me acerque mas y le di un corto beso.
- Me encantas...
- Y tú... Tu a mi.
Sonrió y me abrazó.
- ¿Que pediste para cenar?
- Hamburguesas. No se me ocurrió otra cosa.
- Vaya, Londoño rompiendo su dieta.
Reí a carcajadas.
- Sigue riendote tranquila, después cuando te castigue no te quejes.
- Hace rato no lo haces...
- Y no lo repitas. Porque lo haré
Reí y lo besé. Pero fue interrumpido porque alguien tocaba la puerta.
- Yo voy.
Juan me soltó y fui a abrir. Era la comida. Le pagué al chico y la llevé a la cama.
- Era la comida.
Le sonreí a Juan. Asintió y se levantó para comer.
Luego de eso, ambos caímos dormidos.
*
- ¡Anabella!
Jadeo Juan mientras el agua caía sobre ambos. Seguí con él hasta que llegó a su orgasmo.
- Volteate.
Lo hice. Ahora lo sentí a él acariciarme. De repente, dos de sus dedos entraron en mi, a lo que gemí bastante fuerte.
- Juan...
Me sostuve de la canilla para mantener el equilibrio. Las paredes mojadas de la ducha no iban a ayudar en mucho.
- ¡Ah! Me Quemaste.
Abrí el agua fría nuevamente.
- Lo... Lo siento.
Me pellizcó. Grité del dolor.
- Primero vuelcas café sobre mi entrepierna... Luego me quemas con el agua... ¿Es a propósito o quieres escapar del castigo?
- Quería escapar...
Escuché su risa. Di vuelta la cabeza, lo suficiente para verlo.
- Quieta.
Voltee nuevamente a la pared. Agarró mi pelo y se lo enroscó en la mano y tironeo mi cabeza hacia atrás. Me dolió, pero trate de no gritar. Entró en mi bruscamente, seguía tironeando mi pelo.
- Ay...
- Silencio.
Su voz era ronca, su respiración entrecortada.
- Voy a correrme...
Murmuré.
- Hazlo.
Al cabo de unos minutos, lo hice. Me soltó e hizo que lo viera.
- Esto no termina acá, cariño.
Sonreí.
- Quiero hacer algo yo...
Cerró las canillas y me miró.
- No vas a montarme, Ana.
- Maldito.
Salí de la ducha y puse una toalla en mi cuerpo.
- No es eso, lo haras en otro momento. Vamos a hacer un 69, así que no te vistas.
Me sonroje y saqué la toalla de mi cuerpo. Sequé mi pelo con la misma toalla.
- Ve a la cama... Quiero preparar algo antes.
- ¿Me trenzo el pelo?
- No hace falta.
Me fui a la habitación y me acosté en la cama. Me sentia curiosa por lo que podria hacer Juan. Porque no sólo sera el 69. Lo conozco.
Y de hecho... No lo fue.
Narra Juan.
- Ana...
Me miró y sonrió.
- ¿Te lastimé mucho?
- Solo unos cortes en el muslo... No es nada.
Miró hacia otro lado. Suspire y me acerqué a ella.
- Muestrame las muñecas...
Lo hizo. Pude ver la marca de mis manos en ellas.
- El pecho...
También estaba marcada. Por mis manos y la fusta.
- Los muslos...
Se volteo. Pude ver sus cortes y marcas.
Me alejé de ella. Mis ojos se humedecieron.
- Juré no lastimarte mas...
Las lágrimas cayeron.
- No... No llores.
Se acercó, pero me aparte.
- No... No quiero hacerte mas daño...
Voltee y caminé a la pequeña cocina. Ella venía tras de mi.
- Juan no estes así, estoy bien.
- Sigo dañándote. -Golpee una pared- ¡Soy un monstruo!
Seguí dándole golpes a la pared. Hasta que sentí sus manos en mi cadera y me vi obligado a dejar.
- Te estas dañando tú... Para...
Miré mis manos. La sangre caía por mis nudillos y vi un hueso de la mano fuera de lugar.
Me di la vuelta y suspire.
- Me saque un hueso de lugar, iré a un médico. Quedate acá, no tardare.
Besé su frente y salí a buscar algún centro medico.
Me siento la peor persona del universo.
