Delzin

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En un día aparentemente normal, Delzin —siempre con sus jeans de mezclilla, camisas sin mangas y suéter puesto casi todo el tiempo— caminaba por la calle rumbo a casa. A pesar de haber tenido un día duro, lleno de momentos que habrían roto a cualquiera, él siempre mostraba al mundo una sonrisa. Su energía positiva era su escudo.

Esa mañana había estado con una de sus amigas más cercanas, a quien consideraba como una hermana. Se cuidaban mutuamente, jugaban, se entendían como si realmente compartieran la misma sangre. Pero ese día, cuando ella llegó a la casa de Delzin, se notaba diferente. Su rostro reflejaba tristeza, agotamiento… algo no estaba bien.

Delzin, preocupado, la hizo pasar y la sentó en el sofá.

—¿Qué pasó? ¿Qué tienes? —le preguntó.

Ella se quedó en silencio, mirando al suelo durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, habló.

—Estoy embarazada, Delzin...

Él la miró, impactado, sin saber qué decir. Con la voz entrecortada preguntó:

—¿De quién? ¿Por qué? No lo entiendo...

Ella levantó la mirada y lo miró directamente a los ojos.

—De mi novio… pero no estoy lista para esto. No quiero tener a este bebé, y solo hay una razón...

Delzin, aún confundido, se acercó con preocupación.

—¿Por qué? Es una gran oportunidad… podrías formar una familia, ser feliz con alguien que amas...

Ella lo interrumpió, con lágrimas en los ojos.

—Porque no lo amo, Delzin… te amo a ti. Eres el amor de mi vida. Alguien especial que siempre se ha preocupado por mí. Me di cuenta hace meses. Y cuando le conté a él lo del embarazo, lo único que me dijo fue: “Ya no quiero verte, no me sirves así”. Me abandonó… tú fuiste quien me apoyó, tú estuviste aquí. No quiero tener un hijo suyo...

Delzin la tomó suavemente de los hombros, con el rostro serio.

—Yo… no soy la persona correcta para ti. He sufrido demasiado, tengo un corazón roto que aún no ha sanado. A veces soy insoportable, con cambios de humor constantes… me siento vacío, triste. No quiero que cargues con alguien así. Pero sé que algún día encontrarás a alguien mejor. Alguien que te ame por lo que eres, que te valore... En cuanto al bebé… no puedo decirte qué hacer. Es tu cuerpo, tu decisión. Solo tú puedes tomarla.

Ella se secó las lágrimas y respondió con voz suave:

—Te avisaré lo que decida, hermano… ahora debo irme, tengo cosas que hacer.

Se levantó del sofá y fue hacia la puerta. Delzin la acompañó, le abrió y, antes de que se fuera, le dijo:

—Ve con cuidado. No te esfuerces mucho… te quiero, hermana.

Ella asintió sin decir nada y se marchó. Delzin se quedó un rato observando el vacío de la calle, luego entró a su casa y encendió su consola para distraer su mente.

Horas después, decidió salir al parque a jugar unas retas de baloncesto. Pensó en pasar por uno de sus amigos de sorpresa para llevarlo. Pero al llegar a su casa, su amigo lo recibió con furia:

—¡Eres un idiota! ¿Por qué lo hiciste? ¡Dímelo!

—¿De qué hablas? ¡No he hecho nada! —respondió Delzin, confundido.

—¿Nada? ¡Sabes perfectamente lo que hiciste! ¡Eres una basura! Ni siquiera sé por qué pensé que eras una buena persona.

Delzin, todavía sin entender, replicó:

—Mira, no sé qué crees que hice… pero si en algo te fallé, te pido perdón de corazón.

—No mereces mi perdón ni el de nadie. ¡No quiero volver a verte en mi vida! —dijo su amigo con rabia, cerrándole la puerta en la cara.

Delzin se quedó unos momentos en silencio, desconcertado y dolido. Luego, se fue al parque con tristeza y frustración, lanzando el balón solo. Mientras jugaba, reflexionaba.

"¿Qué fue lo que hice? Siempre nos llevamos bien… ¿en qué fallé?" —pensó.

Finalmente, decidió dejarlo ir. No quería causar más daño ni cargar con culpa ajena. Lo dejó atrás… aunque le doliera.

Al caer la noche, se dirigió a una tienda cercana por algo de comida y una bebida. En el camino, su celular vibró. Era un mensaje de su “hermana”. Lo abrió, lo leyó en silencio… y su rostro cambió por completo. Solo guardó el celular sin decir nada, mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

"Delzin, no tendré al bebé. Lo he decidido. Tal vez tenías razón, no eras la persona indicada para mí… pero si no te puedo tener, ya no encuentro sentido para vivir. Así que cuando leas esto… tal vez ya no esté en este mundo. Y si no es así, no me busques. Ya no quiero verte, me dolería demasiado. Lo siento, hermano. Así deben ser las cosas. No insistas. Esto es un adiós. Te amo… y un consejo: sé amable con los demás, hazlos felices. Da lo que tú no tengas. Tal vez así encuentres a alguien que cure ese corazón roto..."

Antes de entrar a la tienda, Delzin se secó las lágrimas y forzó una sonrisa. Sabía que no podía hundirse. Entró con su mejor cara, intentando brindar alegría a quienes lo rodeaban.

De regreso a casa, a mitad de camino, vio a alguien a lo lejos. Vestía todo de negro. Al principio desconfió, pero a medida que se acercaba, notó que en su rostro se reflejaban dolor y tristeza.

"Tal vez esta sea la prueba de la que hablaba mi hermana…" pensó.

Se acercó con cautela.

—¿Estás bien? ¿Qué tienes?

La persona de negro le respondió con frialdad:

—Aléjate. No estoy de humor.

Se puso la capucha y lo apartó, siguiendo su camino.

Delzin, desde atrás, le gritó:

—¡No seas tan amargado con las personas! Quedarás mal… te lo digo por experiencia.

Lo miró con melancolía. Luego, retomó su camino. Pero algo le llamó la atención. Una figura lo seguía. No pudo distinguir quién era, ni siquiera si era hombre o mujer. El rostro estaba cubierto. La figura se detuvo a su lado y, con voz distorsionada por una máscara, le dijo:

—Deberías insistir… si quieres conocerlo o ayudarlo a no sufrir.

Luego salió corriendo tras la figura de negro. Delzin no volteó. Solo continuó caminando, pensativo.

—Ya lo tenía planeado… solo por mi hermana —susurró para sí mismo.

Y siguió su camino, rumbo a casa.

Misterios comienzan a girar alrededor de Delzin… esa figura de negro, y más aún, la extraña presencia que lo sigue. ¿Quién es? ¿Por qué le interesa Zero?, nadie lo sabe, Las posibilidades en este mundo son infinitas

KillerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora