Mientras Delzin se encontraba con aquella persona desconocida, Dante y Zero ya habían llegado a casa. En ese momento, Dante decidió conectarse a la red del pueblo para crear el grupo cuanto antes, pero por alguna razón prefirió primero hablar con Zero y conocerlo un poco mejor.
Entró a la red y le envió un mensaje. Justo en ese instante, Zero recibió la notificación en su celular. Se encontraba abriendo el refrigerador para prepararse un sándwich. Mientras lo hacía, decidió dejar el mensaje pendiente. Pasaron unos diez minutos antes de que, ya sentado en el sillón, respondiera:
—Hola, Dante.
—Oh, solo dime Dann.
—Está bien, Dann. ¿Y a qué se debe que me hayas mandado mensaje, si se puede saber?
—Solo quería hablar. No tengo nada más que hacer. Espero que no te moleste.
—No, está bien, no importa. Tampoco tengo nada importante que hacer.
—¿Y bueno, qué estás haciendo?
—Pensaba comer un sándwich.
—Ya veo… entonces, no eres de las personas que hablan mucho, ¿no es así?
—Así es, Dann. Soy así con todo el pueblo, sin excepción.
—¿Puedo saber por qué razón?
—La verdad… eso no deberías saberlo.
—Está bien, no importa. Cuéntame algo de tu vida, Zero.
—No hay nada relevante. Solo soy un chico “normal”, solitario, sin pensamientos ni sentimientos hacia las personas... Supongo que eso es normal.
—Bueno… para algunas personas, quizá sí. Pero, ¿siempre fuiste así?
—Pues no. Sorprendentemente, no. Antes era como todos en el pueblo… alguien feliz, que disfrutaba de la vida.
—¿Y qué pasó? ¿Por qué decidiste cambiar?
Al leer ese mensaje, a Zero se le escaparon unas lágrimas sin razón aparente. Ni siquiera se dio cuenta de ello, simplemente continuó escribiendo:
—Yo nunca decidí ese cambio… Supongo que fue algo lo que cambió mi forma de ser… pero eso ya es otra historia.
—Está bien, perdón si te molestó la pregunta.
—No, está bien. Solo fue curiosidad, lo entiendo.
—Bueno, tengo que irme. Tengo cosas que hacer en casa y ya es algo tarde para seguir hablando, jeje.
—Sí, está bien, Dann. Bueno, adiós. Nos vemos.
Después de la conversación, Dante finalmente creó el grupo y se desconectó de la red. Luego se dedicó a hacer las tareas pendientes en su casa.
Mientras tanto, Zero seguía viendo su celular, pensativo, sumido en recuerdos del pasado. Con el paso del tiempo, comenzó a llover en el pueblo. Un relámpago iluminó la habitación, sacándolo por un momento de sus pensamientos. Decidió entonces irse a dormir.
Justo cuando estaba por acostarse, le llegó un nuevo mensaje. Era de Delzin.
—Hola, Zero.
—Hola.
—Perdón por escribirte a estas horas, pero acabo de llegar a casa.
—No te preocupes. ¿Pero por qué tan tarde?
—Me encontré con una de mis amigas y me quedé hablando con ella.
—Ah, ya veo.
—¿Y tú? ¿Qué ibas a hacer?
—Dormir. Estaba a punto de acostarme.
—Entiendo… Bueno, te dejo para que descanses. Por cierto, fue divertido pasar tiempo contigo. Hablamos luego. ¡Adiós!
—Adiós.
Con eso, Zero logró finalmente encontrar algo de paz, acompañado por el sonido de la lluvia, recostado en la comodidad de su cama. Apagó la luz y cerró los ojos… sin saber que afuera, alguien lo observaba en silencio.
Esa figura misteriosa, aún sin identidad, se acercó lentamente a la ventana de Zero. Con cuidado, deslizó una carta por una pequeña abertura en el marco de la ventana. Luego suspiró, observando a Zero dormir, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Después de unos segundos, la persona se alejó rápidamente, perdiéndose entre la lluvia.
Zero, por alguna extraña razón, se despertó. Miró de reojo hacia la ventana y murmuró:
—Creo que alguien me observa… No, deben ser alucinaciones mías. Nadie querría ver a alguien aburrido como yo…
Y volvió a dormirse.
Esa persona desconocida se atrevió a dejarle un mensaje a Zero… por razones aún inciertas. Las preguntas comienzan a acumularse: ¿Por qué le interesa Zero? ¿Por qué lo sigue? ¿Qué sabe sobre él?
En este mundo, una vez más… las posibilidades son infinitas.
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Killer
De TodoHace tiempo en algún lugar de la superficie había un chico "normal" pero nadie sabia que secretos ocultaba este chico historia y pasado... amenos que un día se revele su verdadera naturaleza.
