Delzin, al escuchar su nombre, respondió sonriente:
—Oh, qué buen nombre —siempre con una sonrisa—. Yo me llam...
Fue interrumpido por Zero:
—La verdad, no quiero saberlo.
—Oye, qué cruel eres —respondió Delzin con tono divertido.
Zero volteó a ver a Dante y, tratando de recordar, le preguntó:
—¿Tú eres el de la tienda, no es así?
Dante asintió con la cabeza. Zero miró a ambos y dijo:
—¿Y entonces… no se les ofrece nada más?
—Oh, no... Este... ¿quieres unirte a nosotros para jugar? —preguntó Delzin con entusiasmo.
Zero, pensativo, respondió:
—Sí... no tengo nada que hacer... supongo.
Dante simplemente asintió, tomó el balón y se lo pasó a Zero. Los tres comenzaron a caminar rumbo a la cancha. Antes de llegar, Dante le preguntó:
—Oye... ¿y dónde vives exactamente?
Zero, con tono serio, respondió:
—Eso... tampoco les incumbe. Es mi vida.
—Está bien, no importa —dijo Dante sin insistir.
Al llegar a la cancha, los tres comenzaron a jugar por un rato. En medio del juego, Delzin inició una conversación:
—Hey, Zero, un día te vi triste y desanimado. ¿Podrías decirme por qué?
Zero, mientras lanzaba el balón, negó con la cabeza. Dante, dirigiéndose a Delzin, le dijo:
—Te dije que no te metieras en los problemas de otros.
—Pero es que me interesa saber qué pasó —respondió Delzin con cierta energía.
Zero los miró, algo confundido, y dijo:
—Se hace un poco tarde y tengo hambre... creo que iré a comer... a algún lugar...
—No, no, no. Tranquilo, nosotros invitamos. Vamos a comer a un lugar muy conocido por aquí —dijeron los dos al unísono.
Zero no pudo oponerse, ya lo habían tomado del brazo y lo llevaron a un restaurante muy conocido en la gran ciudad de Onett. Caminó con ellos sin decir nada más.
Una vez en el restaurante, los tres se formaron para pedir una mesa. Por suerte, la fila no era muy larga. Mientras esperaban, Dante intentó hacer conversación con Zero.
—Y bueno... ¿qué te parece el lugar que escogimos?
—Pues... es bonito. Me trae algunos recuerdos... pero me gusta. Está bien para mí. Gracias, supongo —respondió Zero sin mostrar mucha expresión.
—De nada, no hay de qué. Solo disfruta el día —contestó Dante con una sonrisa.
—Gracias —dijo Zero, esta vez con un tono un poco más alegre.
Delzin ya había pedido la mesa. Solo quedaba esperar unos minutos, así que pasaron a una sala de espera con sillones y una mesa pequeña. Para pasar el tiempo, Delzin decidió hablar con Zero:
—Y bueno, cuéntame algo acerca de ti.
Zero lo miró y le dijo:
—Me temo que no tengo nada que contarte. Y, la verdad, no quisiera que tú ni nadie lo supieran.
Delzin, esta vez serio, respondió:
—Está bien, supongo. Es tu vida privada, no me puedo meter.
Al decir eso, recordó a su hermana y se puso un poco triste. Zero lo notó y le preguntó amablemente:
—¿Tienes algo? ¿Recordaste algo con lo que dije?... Si fue así, perdón. Verás, no soy una persona muy amigable, y eso hace que la mayoría me odie o piense mal de mí. Pero no me interesa lo que piensen. Nadie sabe nada de mí, absolutamente nada, y... así estoy bien. A pesar de estar solo... Es más que obvio: no amo a nadie y nadie me ama —dijo con una pequeña risa—. Es un poco gracioso. Es todo lo que puedo contar de mí. Lo siento otra vez.
Delzin, ahora con más ánimo, sonrió:
—Está bien, no te preocupes. Son cosas personales. Pero gracias, es bueno saber algo de ti.
Zero, con su habitual rostro serio, miró a los dos y dijo:
—Perdón por lo del parque. Es que no he socializado con nadie en este pueblo. Ya ni me interesa saber quién vive aquí o quién es extranjero... Pero es raro... Quiero saber sus nombres, si aún hay una oportunidad, supongo.
Los dos se miraron y sonrieron. Delzin fue el primero en hablar:
—Bueno, yo me llamo Delzin. Soy una persona simple, con cambios de humor constantes... Pero siempre trato de dar una buena cara al mundo, resolviendo los problemas de los demás —dijo con una sonrisa sincera.
Dante continuó:
—Bueno, pues yo me llamo Dante. Soy un chico normal... supongo —rió ligeramente.
—Bueno, eso fue corto... creo —respondió Zero.
En ese momento, les tocó pasar a la mesa.
Durante la comida, alguien observaba discretamente a Zero. Era la misma persona que lo había estado siguiendo, aunque ninguno de los tres se dio cuenta. No se podía distinguir su rostro ni su género, su voz distorsionada por una máscara que llevaba puesta.
Tras terminar de comer, salieron del restaurante. Ya era de noche.
—Vaya, se nos hizo de noche. Bueno, supongo que habrá que irnos a casa todos —dijo Delzin.
Zero y Dante asintieron. Entonces Dante propuso:
—¿Y si nos reunimos otro día, los tres, a la misma hora en el mismo parque?
Ambos asintieron.
—Entonces formemos un grupo para mandarnos mensajes y reunirnos. ¿Me dicen sus nombres para buscarlos en la red del pueblo?
—Me llamo zero43, todo en minúsculas —dijo Zero.
—Yo soy delzin_52, también en minúsculas —agregó Delzin.
Dante anotó ambos nombres en una pequeña agenda que siempre llevaba.
—Bien, fue divertido. Nos hablamos luego. ¡Adiós!
Cada uno tomó un rumbo distinto hacia su casa. Sin que Zero lo supiera, el sujeto desconocido continuaba siguiéndolo. ¿Quién es? Nadie lo sabe.
Dante tuvo un camino tranquilo. Llegó a casa sin problemas.
Delzin, mientras caminaba, pensaba en Zero. Estaba algo preocupado por él. Justo antes de llegar a casa, se encontró con una amiga a quien él llamaba "prima". Era una chica con ropa sencilla: pantalones de mezclilla, blusa y una chaqueta a juego.
Al verla, ella se acercó y, al pasar a su lado, le dijo con una voz dulce y amable:
—Hola, ¿cómo te ha ido?
¿Quién será esta chica en realidad? ¿Cuál es su nombre? ¿Y qué papel jugará en todo esto?
Una vez más, en este mundo… las posibilidades son infinitas.
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Killer
AcakHace tiempo en algún lugar de la superficie había un chico "normal" pero nadie sabia que secretos ocultaba este chico historia y pasado... amenos que un día se revele su verdadera naturaleza.
