Alegoría

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Dos figuras desfigurándose, bailan y contemplan el final trazo del ocaso.

Dos figuras, vívidos sinsentidos, como un sueño en el olvido, como un instante perdido.

Y aún teniéndola enfrente, la una y la otra, la otra y la una, ¿cómo se unirían?

Pues de dos no se hace más que uno, de aquellos dos no al menos. Ni por mucho, ni por poco.

Y como el otro no le diría a la una, ni el uno a la otra, que el sol ha ya bajado, la otra ni el uno se marcharían, pues evitan el obvio olvido.

Y así como bailaron y contemplaron el final trazo del ocaso, aún bailan y contemplan, al cielo que ninguna luz osó alimentar.

Una figura en el horizonte, bailaron, perdidas tras el ocaso, desapercibidas, mientras el uno contempla a la otra, ignorando que la otra a la una.

Y de sus manos sacó la otra una luz que el uno apagó, y habiendo tantas cosas que mostrar, ni por todos los astros del cielo las cedió.

Y el otro una luz de sus manos sacó, y la una siguió en su baile, pues habiendo tanto que ocultar, solo cerró los ojos y así como bajo los astros alguna vez con sus bruscos movimientos el cansancio agotó, otra vez más probó.

El otro y la una, ambos bajo menos que sol; Con una protagonizada luz, al uno ignoró, y aún ambos sabiendo que expirada la noche, entre los dos, ya más uno no harían, cerraron los ojos y aceptaron la sentencia destinada; Quedaría no más que el recuerdo, indigno de poesía, pero alguna alegoría.

El Poeta y el PapelDonde viven las historias. Descúbrelo ahora