Y después de dar vueltas sobre el mismo tema, al final el taxista, decidió hacerme la pregunta:
-¿Y tú muchacho? ¿Crees en Dios?
Y yo, que ya tenía mi respuesta preparada, le contesté:
- Yo creo en la personas. Aveces creo en Dios, cuando me conviene, sobre todo. Pero creo más en las personas, creo en usted, en su capacidad como taxista para hacernos llegar con vida a nuestras casas... Aun con los ojos tapados.
Supongo que usted se taparía los ojos porque siente que su Dios le guiaría. Pues yo creo en que si le guiara. Es una cadena: usted con Dios y yo con usted.
-Entonces si que crees en Dios de alguna manera.
-Creer en la personas implica creer en lo que ellas creen. Así que... dependiendo de la persona en la que crea, creeré en Ala, en Buda, en la naturaleza, en el universo, en los unicornios o en el mismísimo Aslan.
-¿Quien es ese?
-El León de Narnia
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