Me quiere dar un ataque, pero de esos en los que sabes que estás más vivo que nunca y no sabes cómo reaccionar.
-Te estás escuchando, ¿cierto?
Paso mi mano por mi cabello y ella la observa. No sé lo qué pasa por su mente y tampoco quiero saberlo.
-¿Puedo entrar? -pregunta, lógicamente no la dejaré dar ni un paso y la ignoro.
-¿Quien te ha dicho que vivo aquí?
-¿Qué te pasó en la mano? -evade mi pregunta como yo la suya.
Me da una vista rápida de cuerpo completo, pero obliga a sus ojos a apartarlos de mí. Es algo estúpidamente incómodo y quiero que se largue de una maldita vez, sin embargo, al mismo tiempo no quiero que se vaya, quiero que me haga compañía, aunque sea para gritarnos y para escuchar todas sus mentiras.
Da un paso hacia mí y me mira directamente a los ojos. Es raro.
-Véte -le susurro y suena a súplica.
Ella parece que no se moverá de donde se encuentra hasta que la deje entrar y me diga todo lo que quiere decirme.
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