III

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-Maldita sea -gruño.

Me limito a lavar mi mano. El dolor ya no es intenso y debo suponer que es la adrenalina por la que mi cuerpo pasa en estos momentos.

Tocan la puerta.

-No puede ser.

No pongo atención a que aún no me he puesto nada de ropa. Nadie viene a buscarme nunca, así que me importa poco quién espera ahí afuera.

-Hola.

Es ella. No sé que cara poner, ni qué decir.

Una parte de mi quiere saltar, abrazarla y perdonarla. Pero otra quiere gritarle y decirle que se largue, que estoy arto de verla. Sin embargo no me decido por cuál hacer y digo la única pregunta que me atormenta en ese instante.

-¿Qué haces aquí? -digo con un tono frío.

-Quería verte, hablar contigo. Necesito, no sé -parece confundida.

-¡Qué descaro! -rio burlón.

-Necesito que me escuches.

-¿Para que me digas otra vez que esta relación se fue a la mierda? Por lo que sé nunca hubo una -rio de nuevo y me encojo de hombros.

Mi mente me felicita y me hace porras pero mi corazón se agrieta.

-Eso quieres, ¿no?

Al ver que no responde pongo los ojos en blanco y me dispongo a cerrar la puerta.

-Espera -detiene la puerta-. Es, es sólo que... No te puedo olvidar -susurra y abro la puerta de un sólo jalón.

Ella ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora