-Perdóname... -susurra mientras una lágrima resbala y yo me despego de ella.
-Lo siento, pero no puedo -me arde en el alma-. ¿Me hubieras perdonado a mí si yo te lo hubiese hecho a ti?
No responde, sólo se limita a bajar la mirada y se seca la siguiente lágrima que resbala por todo su rostro.
-No es fácil para mí. Entiéndelo.
-Todo termina aquí, ¿no? -se encoge de hombros destrozada, es difícil para mí, más de lo que ella pueda imaginarse. El negarle volver con ella no es algo que me guste, claramente no. Me arde el pecho, es un dolor inexplicable. Sé que el dolor es interno, el corazón me hierve, lo tengo destrozado.
-No. Aquí no termina. Tú lo terminaste tiempo atrás.
Me abraza fuerte. Mi piel desnuda. Sus brazos sobre mi cuerpo. La pego lo más que puedo a mi pecho. Era definitivo. Lo peor de todo: lo sabía perfectamente. Ya no pensaba vivir así.
Era tiempo de terminar. Me dejó un beso en el cuello y se separó de mi.
-No fue mi culpa. Quería hablarte de eso. Pero veo que ya no tiene siquiera sentido seguir aquí, no me creerías. Espero que alguien, algún día, te cuente lo que realmente pasó -me sonrió, me partió el alma.
Tenía sus ojos rojos, brillosos.
Se giró y salió del lugar.
Vi mi mundo alejarse de mi. Y no quise hacer nada por regresarlo, ya no había forma de volver a lo que era.
-Te amo... -susurré solo.
