Esta mañana hace más viento que de costumbre, de regreso a casa Paulina siente como la fuerza de la brisa la hace disminuir el ritmo, durante unos segundos inclina su cuerpo hacia delante y apoya las manos en sus rodillas. Está agotada. Toma nuevamente posición para correr cuando observa una figura conocida sentada en sobre un tronco, abrazando sus piernas.
Luka está mirando el mar, con su rostro relajado disfruta la plenitud del océano, el azul a esa hora tiene un matiz grisáceo, pero es hermoso y relajante. Sin pensarlo se sienta a su lado, en la misma posición en la que él se encuentra.
La cara de sorpresa y su sonrisa no se hacen esperar, Luka se pone de pie y la toma de la mano, con el mismo impulso la atrae hacia él, la abraza, cierra los ojos y aspira su aroma. Una mezcla de un perfume y el sudor de la mañana lo embriaga.
Unas palabras en español, otras en italiano. Él está feliz de verla. Al final se decide por el italiano, aunque quiere aprender español, en este momento es más importante hacerse entender.
– Bella Paulina, Amor mío. Estaba pensando en ti. Quiero conversar contigo.
– Yo también. – Sonríe, mientras se sienta nuevamente y él la imita – Estoy muy agradecida por tu apoyo en la clínica. Esos días fueron intensos.
Sentados en el tronco conversan de todo. Carlos Alberto es el tema de mayor interés para Luka. Ríen se cuentan planes para el futuro. Luka le habla de la posibilidad de comprar el apartamento en el que está hospedado, eso depende de algunas cosas de trabajo y de otras no tan laborales. Paulina le habla de lo que quiere para el futuro, pero parece no incluir a Carlos Alberto en sus planes. Eso da a Luka un halo de aquella esperanza que había perdido después de la escena de la clínica.
– ¿Y tu novio? – Su voz es baja al pronunciar las últimas palabras – ¿Él no está en tus planes?
Paulina se sonroja y se da cuenta que es cierto, Carlos Alberto no hace parte de sus planes hasta el momento.
– Es difícil, hace poco nos conocemos y debemos mirar muchas cosas aún.
Paulina y Luka hablan por más de una hora, el sol caliente los hace mirar el reloj, 7:53 a.m.
– Por Dios es tardísimo. – Paulina se despide, retoma su camino y le sonríe trotando de espaldas. – Llámame para ese café.
La sonrisa de Luka es más que amplia, se ve feliz, tomar un café puede significar un espacio en la vida de Paulina.
Al llegar Paulina encuentra a su madre hablando por celular, hace cara de alivio al verla. Se despide de Karina y mira a Paulina con cara de reproche.
– ¿Qué pasó? ¿Dónde estabas? – La cuestiona si siquiera saludar, cosa que no es nada raro en su madre, realmente no le molesta, parece que es su forma de demostrar que se preocupa por ella, que la ama.
– Me encontré con alguien en la playa, me distraje hablando y se me fue el tiempo, mami. – Responde ella mientras se quita los zapatos y las medias para después llevarlas a su nariz.
– Estaba muy preocupada, avisas a la próxima. Siquiera que yo estaba, porque los niños despertaron hace mucho rato. – Ambas saben que no es su costumbre así, que lo dejan estar.
– Gracias mami, voy a bañarme y hablamos.
Cecilia se va a la casa de su hija mayor, donde siempre se queda cuando llega a la ciudad, además, no quiere dejar a Julio solo por tanto tiempo, si se descuidan se puede tomar más de una cerveza y eso no es bueno para su salud. Paulina se queda en casa en compañía de Rodolfo, Karina y sus hijos. Todos están opinando para la cena de Navidad y aún no tienen nada en concreto. Karina y Paulina están sentadas en el piso, Rodolfo en un sillón pequeño y los niños en el grande, mientras juegan crucigrama, el juego de mesa favorito de los chicos. Por la condición de Sebastián no se puede hacer mucho, así que están buscando alternativas.
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El Color Perfecto
RomansaLa vida tiene muchos colores. Colores que te ayudan a meditar, a descansar, a soñar, a sonreir, a recordar -cosas buenas y cosas no tan buenas-, a diferenciar, a querer y a amar. Tu eres uno de esos colores. Aunque no sé si eres el Color Perfecto. P...
